martes, 25 de noviembre de 2025

Carme Montaner y la evolución de los mapas



Ha sido muy interesante asistir a su relato sobre su trayectoria personal, porque escuchándola, hemos podido también reconocer los enormes cambios que han habido y hemos asumido, hasta en cosas muy cotidianas.
El Collegi i Associació de Geògrafs Catalans se ve que organiza unos actos muy similares a los que llevan por título, en ese otro ramo, Café dels Enginyers. En ‘Periples’ convocan a algún geógrafo veterano destacado, y le piden que explique su trayectoria profesional.
Carme Montaner lleva jubilada un par de años, pero hasta su jubilación era la directora de la Cartoteca del Institut Cartogràfic i Geològic, una institución de las más avanzadas de por aquí y, ayer, llamada para una charla de esos “periplos”, hablaba en el Institut d’Estudis Catalans, en sesión co-organizada por la Societat Catalana de Geografia, de ella, en una conferencia que llamó “La transformación de la cartografía”.
Explicó que estudió a finales de los 70 Geografía en la Universidad de Barcelona, especializándose en Geografía Física. Así, con la perspectiva que da el tiempo, conceptuó las enseñanzas de entonces como de una Geografía Clásica, de la Escuela Francesa, en un momento en que iban a empezar aproximaciones más modernas. De esos estudios “de letras” recalcó que lo que sí hacían eran salidas de campo -excursiones, vaya- y que vio la oportunidad de apuntarse a un grupo de estudio en los Pirineos para analizar los valles glaciares. Única mujer de los 16 inscritos, intercambiándose conocimientos con geólogos, lo recuerda como una de las mejores experiencias de entonces.
Tuvo la suerte de que el final de sus estudios coincidiera con el momento de gran transformación de la Administración. La nueva en funciones Generalitat, los Ayuntamientos, incluso las Diputaciones, crearon nuevos departamentos y con ellos nuevos puestos de trabajo a los que pudieron optar su generación de geógrafos, muy satisfechos de poder contemplar para su futuro otro empleo que el único preexistente entonces para los licenciados, la enseñanza.
En 1982 se creó el Instituto Geográfico de Catalunya, que necesitó gente de muchas carreras diferentes, y entre ellos unos cuantos geógrafos, a los que dedicaron inicialmente a los trabajos menos técnicos.
Entró en el ICC (donde estuvo hasta su jubilación) cuando los mapas -como todo- se hacían y utilizaban en papel, y vivió, entrando en terreno desconocido, en primera línea su proceso de digitalización integral.
Al Institut fueron a parar los empleados en los servicios cartológicos de la Diputación y del MOPU, que llegaron con todos los mapas (en papel) que habían creado. Se debía integrar y organizar todo eso, y se lo dieron a hacer a la becaria (ella). Sobre todo, la fototeca aérea heredada. Sin decirle, claro está, como hacerlo, ni que hubiera manual alguno para ello.
La gente del Institut se distinguía entonces de forma muy radical entre los procedentes de Ciencias y los de Letras. Juntos tuvieron que proceder en el mundo de los mapas a un completo cambio de proceso, soporte y tipo de usuario.
Para situarnos nos explicó que todo su conocimiento sobre mapas lo había adquirido utilizando en excursiones los de la Editorial Alpina, sin que hubiera tenido ninguna asignatura ni enseñanza especifica.
En el Instituto empezaron haciendo ortofotomapas (a partir de fotografías aéreas) que imprimían para venderlos a unos usuarios que, dada la novedad, no sabían interpretarlos.
Como anécdota, explicó que obtuvieron unos ortofotomapas de la zona de Vic, a los que se les debía añadir toda su toponimia. Aprovechando que era ahí donde vivía su familia y sabían que iba el fin de semana a verlos, le dijeron que se los llevara y los devolviera el lunes siguiente, ya con todos los (correctos) nombres de sitios necesarios. Gracias a una serie de payeses de la zona que reunió salió del apuro.
Ya en plena actividad el Institut, le encargaron la creación de una cartoteca, donde contó con el conocimiento de la veterana Montserrat Galera. Pero, cuando se iba haciendo al puesto, le pusieron en el Departamento de Percepción Remota. Allí, un equipo multiprofesional debió enfrentarse a problemas de determinar continuamente cosas absolutamente nuevas: formato, definición en la que hacer los mapas para que se pudieran ver bien, pero que luego no supusieran una transmisión y almacenamiento masivo imposible, etc. La interdisciplinariedad lo fue resolviendo todo. Iban escaneando mapas y más mapas, pero -reconoció- lo pudieron hacer porque tenían detrás la estructura del Institut Cartogràfic, sin la que les hubiera sido imposible.
Nos hizo ver en ese momento una de las muchas cosas que han cambiado con la digitalización: en los mapas que todos manejamos actualmente se ha perdido un concepto básico de la cartografía tradicional, como era el de la escala. La digitalización permite ampliar todo lo que quieras, pero se olvida decir en cada momento qué relación hay entre lo que estás viendo y la realidad cartografiada.
La difusión de los mapas que iban digitalizando es lo que les dio visibilidad… y fama. Se enfrentaban al tema peliagudo de los derechos de autor. En España la cartografía era obra o bien del Ejército o bien de Hacienda (para la cuestión de los catastros). Decidieron ser prudentes y digitalizar de la cartografía del Ejército un mapa 1:50.000 de hasta 1945, sin acudir a una más reciente, esperando que no supusiera ninguna querella legal, para únicamente Catalunya, y lo pusieron a disposición de quien lo quisiera. El éxito fue terrible. Les llovieron peticiones para que lo prolongarán para otras zonas.
Ella -tambien única mujer y única “de letras” de los presentados- opositó al Cuerpo de Cartógrafos, con un programa que comprendía muchas especificaciones técnicas a las que se tuvo que someter y aprender para aprobar. Al poco tiempo, sin embargo, el Cuerpo quedó prácticamente extinguido.
Llegó un momento álgido para la profesión de geógrafo. En el mismo Institut el porcentaje de geógrafos entre los contratados llegó a ser del 36%, para luego ir bajando (su puesto, por ejemplo, lo ocupa ahora una documentalista), pero paralelamente muchos ayuntamientos, por ejemplo, ahora contratan como profesionales a bastantes geógrafos.
Otra cosa que explicó fruto de los tiempos (neoliberales): El número de geógrafos del ICC (ahora ICGC) fue bajando porque, como en tantos sitios, se han externalizado casi todas las tareas, contratándose a empresas que pagan sueldos bajísimos, o a profesionales geógrafos que ejercen -a la fuerza- de free lances.
Una observación interesante: ha notado una gran tecnificación en la Geografía, al tiempo (¿estará relacionado?) que una gran masculinización. Es verdad. Cuando estudió hombres y mujeres estudiantes estaban bastante equilibrados, ahora casi todos los geógrafos que salen de la Facultad son del género masculino.
El otro gran cambio del que hablo fue, claro, que ahora todos llevamos el mapa en el bolsillo, en el móvil. Pero no deja de sorprenderse con la obediencia ciega que existe a los dictados de Google Maps, que a veces lleva a despropósitos de lo más chungos.
Ella dice que sigue haciendo excursiones y ve que es la única que va con su mapa, para tener una visión amplia de la zona y su destino, para poder ver las curvas de nivel y otros detalles que descuidan esos mapas tan usados.
Y eso fue en lo que más me fijé de su exposición. Añadió sólo que paralelamente ha participado en grupos como el de investigación de la historia de la cartografía, siendo en ese grupo el descubrimiento quizás más feliz: el de la cartografía que hicieron de Barcelona las tropas invasoras francesas. Siendo una cartografía ya muy buena y precisa, se pudo hacer a partir de ella una restitución, esto es, digitalizar sus datos y permitir combinarlos con los de la cartografía actual, con lo que en la web del ICGC puede uno ver, por ejemplo, cómo es en la actualidad Fort Pienc y como era a principios del s.XIX, con sus viñas, huertos y demás.
Dos cuestiones debatidas en el coloquio me parecieron muy interesantes. La primera es que se tiene la certeza de la preservación de todos los mapas en papel habidos y por haber, pero en cambio está en sus mantillas la preservación de los mapas digitales (que ya no están en papel) que se van haciendo. Si bien se ha empezado a preservar de una forma útil, recuperable, alguno, lo que está claro es que el ritmo de preservación es muy inferior al de creación de nuevos mapas. Es éste un tema que puede extenderse a otros muchos campos…
La otra cuestión surgió a la pregunta sobre qué se puede hacer, o qué pueden hacer los geógrafos, para que se corrijan los mapas digitales plagados de errores que existen. Su respuesta no fue muy positiva: estamos casi absolutamente colonizados por unas pocas multinacionales, que copan todo el panorama, y queda poco terreno para el trabajo bien hecho.


 

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