miércoles, 26 de noviembre de 2025

50 años de libertad. Luces y sombras de la democracia española


Basta comparar la civilizada y sustanciosa mesa de “expertos” en tres temas básicos (Sanidad y Justicia, Universidades y Cultura), preguntados los tres por una periodista conocedora del paño y muy acertada, con cosas que quieren ser similares por televisiones públicas o privadas, y no hay, desde luego, color.
Era un plantel envidiable (Montserrat Tura, Joan Subirats y Jordi Gracia) al que presentó y entrevistó ayer Neus Tomás, la subdirectora de elDiario en el cedido para la ocasión auditorio de Comisiones Obreras de la Vía Laietana barcelonesa, Una sala, por cierto, imposible (anchísima pero de un largo escaso, sembrada además de inoportunas columnas). La excusa: celebrar la aparición del nuevo número de la revista trimestral del diario, dedicado en esta ocasión a “50 años de libertad. Luces y sombras de la democracia española”.
En la pregunta para todos, para abrir el fuego, sobre las razones por las que hay ahora muchas voces que cuestionan los avances conseguidos con la democracia, Montserrat Tura se mostró muy orgullosa de su trabajo tanto como alcaldesa de Mollet como, posteriormente, como consejera de Justicia y de Interior de la Generalitat (que, por cierto, dejó volviendo a su plaza de médico en el hospital de Palamós). Quizás porque pese a ello pareció dar una cierta respuesta critica general con respecto a la bondad democrática alcanzada, volvió atrás cuando le tocó de nuevo el turno con una nueva pregunta, saliendo en defensa del que llaman “Régimen del 78”, explicando que en su opinión no fue la de España una transición modélica, pero tampoco inmodélica, y dando una serie de razones para demostrarlo.
Subirats lo tenía seguro preparado y lanzó un argumento de peso para pensar, a nivel personal, lo inmensamente que se había avanzado en esos cincuenta años. Se recordó en prisión hace 52 años por la detención de los 113 de la Asamblea de Cataluña… pero en seguida continuó, apelando a las conclusiones del reciente IX Informe Foessa, para señalar los muchos problemas acuciantes que siguen afectando a buena parte de la población.
Jordi Gracia, siempre hiperbólico, fue el que hizo una valoración más positiva de la evolución habida en estos cincuenta años, señalando que no había ni que plantearse esa comparación, de tan inimaginablemente bien que estamos comparado con el momento de la muerte de Franco. Preguntándose por qué entonces costaba tanto admitirlo, reflexionó que posiblemente tuviera incidencia el hecho de que continuamente ve que se achacan a la transición responsabilidades que desde luego no le corresponden. Para redondear su postura empezó a nombrar grandes nombres de la cultura española de estos años, es verdad que alargándose también a unos cuantos que ya eclosionaron durante el franquismo.
Lanzó entonces Tomás una pregunta a cada uno de los convocados sobre su principal ámbito de conocimiento.
A Joan Subirats, como ex-ministro de Universidades, le preguntó qué opinaba del surgimiento de tanto chiringuito universitario, incidiendo contra la Universidad pública. Dio una respuesta larga, presentando inicialmente una serie de números que hablaba del enorme campo recorrido en el tema de la enseñanza superior en España, donde actualmente el 43% de la población (creo que dijo esta cifra tan enorme, que quizás entendí mal, porque me parece excesiva) tiene estudios superiores, por encima, en todo caso, de la media europea. Planteó que donde esta mal comparativamente España es en las edades inmediatamente posteriores a la enseñanza obligatoria, que ahora abarca de los 6 a los 16 años, y quizás se debiera ampliar hasta llegar a los 18. La pregunta realmente importante -prosiguió- es si la chica salida del Instituto del Besós tiene la mismas posibilidades de triunfo profesional que la que ha estudiado en el Colegio Aula. Y la respuesta a esta pregunta se la dio él mismo, diciéndose que no, pero no por el tipo de enseñanza, sino por todos esos factores externos, las “softs skills” que vienen por la herencia familiar y el entorno.
Se puso serio ya pasando a responder directamente la pregunta de Neus Tomás: la enseñanza en las Universidades Públicas es mejor, y dada con más medios, que en las Privadas. Entonces: ¿por qué llevan los padres a sus hijos a unas universidades que dan una peor enseñanza? Pues porque facilitan contactos. Hay en España unas cuatro o cinco Universidades Privadas responsables (Deusto, la de Navarra,…). Quizás sólo flojean respecto a la Pública en las clases prácticas. Hasta llegar hasta las 43 actuales… hay muchos chiringuitos montados únicamente como puro negocio.
A Montserrat Tura le tocó una pregunta sobre la evolución de la Sanidad en el país. También dejó como evidente el avance conseguido: cada década -explicó- se produce un incremento de dos años y medio en la esperanza de vida. Fue impresionante el paso dado hacia la Sanidad Universal, conseguida en la etapa de Ernest Lluch como ministro de Sanidad. 7,8 millones de personas que no tenían cobertura sanitaria alguna, que en caso de necesidad habían de ir a mendigar a instituciones de caridad, pasaron a entrar con pleno derecho en la Seguridad Social. En ese momento, no obstante -pormenorizó- los médicos del seguro disponían de pocos elementos para el diagnóstico. Esto se ha ampliado enormemente, pero enviando a hacer esas pruebas complementarias básicas fuera del centro médico público, generando negocio. También se entristeció un poco cuando dijo que la red de hospitales pública funcionaba sobre todo con gente que participaba sin ánimo de lucro, pero que esto ha evolucionado, y esa red de uso público que propugnaba la LOSC, se nos ha escapado: el SISCAT no es del todo público. Y dijo más: que la euforia que notaba antes que se sentía por la red pública ya no ve que exista.
La pregunta siguiente, sobre la cosa cultural, le correspondió, claro, a Jordi Gracia. Rápidamente sacó a colación la transformación habida en bibliotecas, conservatorios, escuelas de música públicas… Indicó que no veía déficit actual de protagonistas culturales de primer orden. Que desde luego habían muerto grandes poetas o pintores, pero, como indica el título de su artículo en la revista que se presentaba, estamos ahora en un entorno “Sin caspa ni gualdrapa ni sacristía”. Por cierto que diciéndolo de nuevo se dio cuenta de que había errado en el último sustantivo, pues debía ser ‘sotana’.
La pregunta general siguiente, ya para finalizar, fue protestada por todos, por imposible de responder con un mínimo de acierto, y lo redujeron a expresar sus respectivos temores. Neus Tomás había preguntado a los tres como veían su área de conocimiento de aquí a 50 años.
Gracia centró su preocupación en la dependencia de los poderes públicos de cinco multimillonarios. Subirats en la dificultad de que la Democracia pueda seguir consiguiendo lo que se le pedía, esto es, una buena distribución para reducir las desigualdades.
Tura por su parte, que me pareció muy atinada toda la sesión, dividió su respuesta en tres partes. La primera que, si bien antes conocíamos a la clase propietaria de los medios, ahora eso es cada vez más difícil. Y puso como ejemplo de lo intrincado y retorcido que se presenta todo el de unos fondos de pensiones públicos, que tienen por objetivo ofrecer una buena jubilación a sus trabajadores partícipes, que invierten en sitios que no respetan los derechos de los trabajadores. El mercado está roto, loco -sentenció-. La segunda que, refiriéndose a la cita de un libro de Raffaele Simone, quisiera ver que volvemos a ser ciudadanos, y no consumidores. La tercera, que hasta ahora la ciencia ha ayudado a solucionar mucho problema médico, pero ahora esta responsabilidad ha pasado a los que ostentan poder.
En el turno de preguntas del público, una persona preguntó sobre qué pasa en nuestro país que hay tanto aforado, derivando la pregunta hasta la de qué pasa con los jueces.
Nadie respondió -salvo con risas- a la primera pregunta, pero Montserrat Tura, que había sido Consellera de Justicia, se vio en la necesidad de responder a la segunda, haciéndolo de una forma que se veía muy meditada.
Empezó con una broma, diciendo que los jueces son desde siempre personas muy conservadoras, debido a que, ya que se han visto obligadas a estudiar unas larguísimas y farragosas leyes, se muestran reacios a cambiar aquello que con tanto esfuerzo han conseguido aprender. Pero luego continuó con una reflexión muy seria. Comentó que las primeras décadas de la Democracia más de la mitad de los jueces mantenían posiciones democráticas, pero que luego se hizo esa línea que separa “progresistas” y “conservadores”. Definió a los que se dicen de Centro como los que se decantan hacia dónde está el poder, y actualmente conservadores y centristas están efectuando un pulso muy fuerte a la coalición que gobierna España. Siempre han sido contrarios, por verlas una injerencia en su terreno, a las medidas de gracia, y ahora además de indultos ha habido una amnistía, que parece haber tocado hueso. Hay ahora una situación envenenada que ella no había visto nunca. Pero -añadió al final- aún así defiende el sistema actual de elección de los tribunales fundamentales, que de alguna forma depende aproximadamente de la composición de la cámara de representantes elegidos por la población, prefiriendo eso mil veces a que sean los propios jueces los que voten sus nuevos miembros.
Hubo por fin una última intervención del público, preguntando si no veían venir una involución democrática. Subirats contestó que la posibilidad no existía únicamente aquí, que tiene la sensación de que pueden mantenerse las elecciones, pero todo lo demás que definía la Democracia no. Que otra sombra parece venir de China como modelo, con su evolución económica y social extraordinaria, muy meritoria, a partir de su autoritarismo, pero sin ninguna democracia. Ya que Tura había citado esa frase, él citó otra similar: “Las cosas empezaron a cambiar cuando empezamos a ser clientes”.
Gracia negó que hubiera la posibilidad de una involución. Cuando el presidente de Estados Unidos comunica tan tranquilo que ha hundido en aguas internacionales con todo su pasaje porque -decía- que llevaban droga, lo que nos tememos ya está aquí. Como esas cinco grandes empresas que tienen el poder de dominar al mundo y parecen ya hacerlo. Todo eso provoca, además, el consiguiente contagio. La extrema derecha europea está tan envalentonada porque ve que Trump está ahí, capitaneándolos.
Por último, Tura, muy serena toda la sesión, quiso volver a intervenir para efectuar un elogio del ruido: la gente debe entender que en las democracias hay ruido, que atentan contra ‘el orden’, porque hay posiciones contrapuestas. Y recordó una frase reciente de Feijoo, que yo no le había oído, pero que también me parece horrible, planteando que hay que escoger entre prosperidad y libertad.
Al inicio de la sesión Neus Tomás comentó que los lectores se quejaban de que había pocas reuniones como ésta en Barcelona, y admitió que era verdad, y que haría lo posible por corregirlo. Si son de este nivel, bienvenidas sean.

Me hizo gracia, antes de empezar, ver a Coscubiela entre los asientos reservados de la primera fila: estaba en su casa. Quizás fue incluso el que facilitó a elDiario la sala de CC.OO…
 

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