Por fin llegamos a la Meloni en el curso de la UB que nos ha ido acercando desde la llegada al poder de Mussolini a la historia reciente italiana.
A Steven Forti, profesor de la Autónoma y autor de muy buenas crónicas periodísticas que le he leído en importantes periódicos (recuerdo varios en El País, y recientemente uno creo que en eldiario es sobre la ascensión de la extrema derecha en Europa) le correspondió el pasado viernes acompañarnos desde 2008 hasta la actualidad.
De la crisis económica a la salida populista y reaccionaria (2008-2022). Vamos, lo que resumió de manera avanzada con el mural de TvBoy, en el que se ven a Salvini y Meloni besándose, cada uno ocultando en su espalda un buen cuchillo, mientras desde una ventana Berlusconi asiste sonriente a la escena.
Si yo hubiera de resumir lo captado del periodo debería aludir al fraccionamiento y la repetición. En el periodo ha habido 18 gobiernos, entre los que sólo tres han alcanzado los dos años. Ahora el de Meloni parece que va a llegar a la estabilidad (en el sentido de ausencia de reemplazos) que no ha habido en tiempo.
Inestabilidad, fragmentación y derechización, pues, pero además con una derecha radicalizada. También el aumento enorme de la abstención, haciendo denotar la profunda desafección, la aversión a los partidos y, de hecho, hacia todas las instituciones políticas (incluida la judicatura, que tan buena prensa alcanzó ahí en periodos anteriores) de los electores.
Todo lo anterior acompañado de la Bajada del PIB y de la renta per capita, el incremento de la pobreza y las desigualdades en un país que parecía alcanzar los cielos en los 80.
El reflejo pormenorizado de los acontecimientos políticos ya resulta más cansino:
En 2007 tiene lugar la fundación por Veltroni, con tensiones con Prodi, del Partido Democrático, restándole una S al PDS anterior.
En 2008 gana por goleada la coalición de Berlusconi. Un Berlusconi que, dice Forti, “no se corta”: deja claro su cariz neoliberal, pero además arremete contra la inmigración, el aborto, los derechos de las minorías, etc.
Llega la crisis económica y, con ella, esos días en que la prima de riesgo, de la que nadie había oído hablar hasta entonces, nos despierta con un nuevo incremento. Italia llegaría a los 600 puntos. Eso inundaba los periódicos, pero también el famoso Bunga bunga de Berlusconi, evidenciando una atmósfera de completo fin del imperio.
Fini (el sucesor del partido neofascista que había visto debía acomodarse a los nuevos tiempos y renunciar a la defensa del fascismo) se separa de su coalición con Berlusconi en el Partido de la Libertad. A partir de ahí fracasó su continuidad política.
La crisis se acentúa pero, como se decía, “Italia es demasiado grande para caer”. En el interior Napoletano (ex PCI) hace de presidente muy activo. Nombra jefe de gobierno a Monti. Se inicia lo que llaman un “gobierno técnico” para solventar la crisis. Forti lo tiene claro: nombran a técnicos para que hagan el trabajo sucio que no se atreven a hacer los partidos.
Es época de reformas que aún siguen, en busca de simplificar el parlamento para llegar a un bipartidismo fuerte como el de Estados Unidos u otros países europeos… en la época.
En 2012 estalla la crisis de la Liga Norte de Bossi y hacen su aparición los Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni, que había sido ministra con Berlusconi y, previamente, del MSI.
Se dispara el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo. Hace una campaña que incluye el “Va fan culo day” (ahí surge eso de hablar de “La casta” referido a los políticos establecidos) y el 2013 resulta ser el primer partido en las elecciones.
Ante las dificultades de formar gobierno entre gente irreconciliable, surge la solución técnica, el gobierno Renzi (2014-2026), que se hundió políticamente al presentar una reforma electoral en la que hacía desaparecer el senado y daba una prima en diputados al partido vencedor de las elecciones. Todos los partidos se sublevaron y acabaron con su gobierno.
En las elecciones convocadas quedó primera la Liga de Salvini, en coalición con Forza Italia de un Berlusconi ya muy debilitado y los neofascistas.
Por 2016 se produce el sorprendente cambio radical de la Liga de Salvini, de partido secesionista a partido nacionalista italiano. Establece acuerdos con los grupos neofascistas, pasando del verde previo al azul, sumando proclamas contra el euro y los inmigrantes, a los que siempre llamaba “los clandestinos”
Se acabó Berlusconi, del que aparecen varios ‘fake’ en los que aparece en el asilo de ancianos.
El tema de la inmigración ha estado en primera plana en Italia en los últimos treinta años. En el periodo 2015-2017 tuvo lugar la crisis de los refugiados.
Las elecciones de 2018 dieron lugar a un gobierno entre 5 Stelle y la Liga, en el que se vio claramente que ésta última se comió a la primera. La rotura se produjo en 2019, pero entonces, de nuevo sorprendentemente, 5 Estrellas se alió con el PD.
Siguió como jefe de gobierno Conte. Llega el episodio de la pandemia, con Italia primera localización, a lo bestia, en Europa. Cuando llegan los Fondos New Generation, muy golosos, Renzi se separa del PD, forzándose así la caída del gobierno.
Llega otro gobierno “técnico”, el de Mario Dragui, en 2022, al que apoyan todos los partidos… salvo el de Giorgia Meloni, sumando de ese modo más popularidad. Es ella la que vence en unas elecciones del final del 2022 en las que la derecha se presentaba unida y la izquierda totalmente separadas sus fuerzas, que pasan a la oposición.
Meloni ha sabido ver que habían dos líneas rojas que no podía traspasar, la de la OTAN y la de Europa, y se ha hecho atlantista y ahora ha colocado a un miembro de su partido, Fito, como vicepresidente europeo. Personalmente, yo le tengo miedo al día en que la Unión Europea esté dominada al completo por esa gente: se acabó esperar que Europa imponga el buen camino a países como el nuestra, obligando a implantar sus leyes. Al revés: se deberá intentar que no lleguen…
Y ahora Italia parece encaminada, bajo Meloni, a la reforma de la constitución Italiana. Queda la intriga de cómo le irá.
Dejó muy bien este libro sobre la insatisfacción, el resentimiento de la gente con la política.
La campaña del ‘Van fan culo day’ debe Pipe Grillo.
Un fake de Berlusconi en el asilo de ancianos.





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