Los tres, preparando sus bártulos antes de iniciar la sesión.
Conversación entre Patricia Almarcegui y Jordi Esteva y además en Altair. A ver quien es el lince que adivina cuál era ayer el tema…
En plan espontáneo cada uno de ellos, no sabiendo qué responder a la pregunta (creo que era algo así como cuál era el sentido del viaje, parafraseando un título de Almarcegui) que, tras una larga inteoducción, les lanzó Pep Bernadas, resumieron su experiencia viajera.
Jordi Esteva, como dejó claro en su libro de memorias, explicó que lo suyo fue una huida de tomo y lomo, escapando del ambiente que se vivía por aquí. Mencionó la entonces mítica estancia en Formentera e Ibiza, a rematar -para graduarse, precisó- en la India. Y ahí lanzó un cable a Patricia Almarcegui, al señalar que lo que realmente le gustó, como a ella, fue Irán, con su sequedad, con sus caravan serai decrépitos, con sus jardines…
En su esbozo biográfico, o en aquella parte de ésta que le impulsó a viajar, ella explicó ser “hija de viajante” y después la curiosidad que, no lo dijo, pero le oí o leí en otra ocasión, le hacía estar siempre mirando por la ventanilla del coche de su padre.
Pero tocaba también hablar de referentes. Fue ella la que habló primero de Edward Said como quien le hizo ver los viajes, la mirada a los otros que se produce en los viajes, de otra manera, y él retomó más tarde su nombre y lo aupó aún más en un pedestal.
Ambos hablaron de su situación actual respecto al viaje y a escribir sobre él. Jordi Esteva lo tiene claro: llevándole a ella unos veinte años, comentó que él se pasó la vida sembrando, y ahora le toca recoger. Ella, por su parte, insistió en que el viaje ahora no tiene sentido si no es para llevarla a la literatura, su real empeño actual.
Me quedó alguna cosa más sobre la sesión, abriendo pistas que podrían practicarse en otras futuras: una primera podría ser responder la pregunta retórica que se hizo a sí mismo Jordi Esteva (¿qué haría yo en Cancún?), otra recorrería por un lado y otro ese tema tan sugerente de la deformación que se produce siempre en la memoria del viaje y cualquier otra memoria, que lleva a recordar situaciones… que no tuvieron lugar. Sobre el divertido compendio de historias sobre referentes viajeros que, vistos en perspectiva, se ve claramente que eran gay, ya se extendió ayer Jordi Esteva. Por su parte, Patricia dio con esa bonita autodefinición de los viajeros como intrusos informados.
Hubo tiempo también para alguna que otra cita bibliográfica adicional. En este apartado nosotros nos quedamos, para ver qué da de sí, con Neal Ascherson y su acercamiento a los pueblos que rodean el Mar Negro, de historia tan desconocida por aquí.
Y tras un panegírico a lo bueno que es informarse directamente o vía lectura de los mismos locales del sitio visitado, ya se pasó a las preguntas de los asistentes que, por cierto, ocupaban todas las sillas (de esas antiguas de tijera, que al cabo de un tiempo te incitan a salir de viaje) y casi toda la escalera que, al fondo, lleva a la planta principal de la librería. Cuando llegamos, un cuarto de hora antes, ya estaba todo lleno, y tuvimos que sentarnos en una primera fila que la gente, aún discreta o acostumbrada a que esté reservada, suele dejar libre. Resultado ese éxito de sumar compañeros supervivientes del viaje a la India de Jordi Esteva, gente que se ha dejado arrastrar a alguno de sus viajes por Patricia Almarcegui o, simplemente, lectores de ambos, que ya son legión.
En esa fase de las preguntas apunté una observación creo que de Carlos Mir:
-En Occidente hacemos venga fotos en las bodas, bautizos, comuniones, pero nunca en los funerales.
Aún queda terreno para irle dando vueltas a eso del viaje y las diferencias con otras culturas.
Se anunciaba como conversación entre Jordi Esteva y Patricia Almarcegui, pero Pep Bernadas, el patrón de Altair, además de intentar marcar la pauta, se sumó a la fiesta y consumió buena parte del tiempo de la sesión.




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