martes, 19 de noviembre de 2019

Pierre Deffontaines

Dos fotos de Deffontaines: en los 40, de excursión, y treinta años después, en su casa de la calle Balmes con Diagonal.

Me repito más que la sopa de ajo y hoy eso se volverá a notar por aquí. Es que hay temas que realmente me interesan hasta el punto de hacerme desatender otros dos actos coincidentes hoy a los que me debía.
Un tema que me resulta atractivo es el de la actividad de los institutos de cultura extranjeros durante el franquismo. En la exposición sobre cineclubismo que ahora se puede ver en la Filmoteca, lo menciono (porque realmente su papel como cineclubs y en relación con los cineclubs lo merece), pero me habría gustado profundizar en ellos y mostrarlos de forma muchísimo más completa.
Cronológicamente yo empezaría hablando del Instituto Británico, abierto por Walter Starkie, a donde mi padre iba a buscar periódicamente los sucesivos números del Illustrated London News, mediante los que seguía la evolución de los enfrentamientos bélicos en el mar y en el desierto africano y en cuya biblioteca conoció después a una chica rubia con un apellido coincidente, que sería unos años más tarde mi madre.
Por otra parte, esta tarde había la oportunidad de conocer con detalle la actividad del que fuera director del Instituto Francés de 1939 a 1964, Pierre Deffontaines, sobre todo en lo que respecta a su dedicación geográfica, pues la Societat Catalana de Geografia inauguraba una exposición dedicada a él y a sus dibujos geográficos, y lo hacía de la mejor forma, mediante una mesa redonda que ha explorado en su biografía.
Saltando a la época de la transición le tocaría el turno -y a estos ya los viví yo- a Mr. Hebel, del Instituto de Cultura Alemán y al Dr. Caruso y su gente del Istituto Italiano di Cultura. Pero hoy tocaba Deffontaines...
Josep Oliveras, presidente de la Societat Catalana de Geografia, ha aportado en su pequeña introducción y luego en el coloquio final una serie de datos de gran interés sobre el personaje. Ha destacado su gran papel inicial restableciendo los lazos que se habían perdido con el mundo cultural y su política de becas, por la que personas muy significativas del mundo de la Geografía (y del panorama local cultural en general) disfrutaron de unas estancias formativas en el país vecino que recordarían toda su vida. También sus actividades excursionistas y geográficas, culminadas con su trabajo, después de sus 70 años, en la Universidad de Barcelona. Y, finalmente, centrando su relación con Pierre Vilar.
Horacio Capel, que fue amigo suyo, nos ha pintado perfectamente sus excursiones (ellos y sus respectivas mujeres) por Cataluña en su SEAT 600, (“luego convenientemente sustituido por un SEAT 127”, ha dicho), porque Deffontaines tenía una discapacidad en un brazo que no le dejaba conducir. En todas esas salidas, ha precisado, hacían pic-nic i en muchas Deffontaines se ponía a dibujar y pintar ayudado de unos palillos.
No se ha quedado Capel en la nota impresionista, sino que ha efectuado un detallado repaso por su biografía “francesa” (hijo de general, amigo de Petain, muerto -como su hermano, en la I Guerra Mundial, libros a partir de 1914 de prehistoria y, tras su licenciatura en Geografía e Historia, a partir de 1920, dedicación preferente a las publicaciones geográficas, viajes por el Canadá y Brasil,...) y barcelonesa (nombrado director del Instituto Francés de la ciudad a finales de 1939...hasta 1964, en que lo dejó al cumplir 70 años, vivió de primera mano los conflictos entre “la legalidad y la legitimidad” francesa en sus primeros años por aquí, contactos con geógrafos jóvenes catalanes y, sobre todo, fomentó la conversión del Instituto Francés en un oasis en el que se daban conferencias, se programaban conciertos o se hacían exposiciones, contrastando con el negro panorama imperante).
Ha destacado Capel de Deffontaines su curiosidad universal, ser un gran conversador, su arraigado cristianismo que le llevó a oponerse a las guerras de Argelia y Vietnam, su continua utilización de las comparaciones como medio para entender el paisaje, del que se fijaba esencialmente en el impacto que recibe de la actividad humana. Y, me ha hecho gracia volvérselo a oír, en sus excursiones, como medio de entrar en contacto con las gentes del lugar solía utilizar el método de la falsa avería de su bicicleta.
Por último, Anna Gudayol nos ha pasado unas fotografías muy interesantes de lo que se puede encontrar en el fondo Deffontaines de la Biblioteca de Catalunya, una donación de la familia de 25 metros de papeles, dibujos y fotos que, ha dicho al principio de su intervención, espera tener tiempo para ver clasificada y analizada del todo en vida.

Capel, Oliveras y Gudayol.

Dibujo de Sa Riera, que puede verse en la exposición del patio del à Institut d’Estudis Catalans.

Y un dibujo de Begur, la playa de Pals y las Islas Medas.

Una de las transparencias que ha pasado Gudayol: corresponde al diario personal de la guerra del 14-18.
 

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