martes, 2 de julio de 2019

Contreacultura

El casi inicio del acto -abortado- en la sala pequeña del quinto piso del Ateneo.

He asistido en los últimos cinco años a varios actos sobre este tema que suelen tener un desarrollo parecido.
El tema: la contracultura, el underground, la cosa esa que en su inicio, al final del franquismo, parecía algo de estar por casa, pero que explosionó, llegando a la vorágine, envolviéndolo todo, teniendo un final sonado con las jornadas libertarias de 1977 y luego si te he visto no me acuerdo.
El desarrollo: a alguien se le ocurre rememorar esa época, o algún aspecto de esa época. Convoca a un acto, pensando que a lo mejor igual habrá algún despistado que la recuerde y le hace gracia oír hablar de ella. Luego la convocatoria se ve más que superada, constatando los organizadores que hay auditorio para algo así y más, y que quizás convendría convocar una segunda sesión profundizando.
El acto de esta tarde ha seguido al dedillo este esquema. Obedecía a una convocatoria de la ACEC en un aula del Ateneo, anunciando que junto a David Castillo estarían Nazario, Ana María Briongos, Pepe Ribas y Canti Casanovas.
Como el aula estaba en la quinta planta, bajo techado, por el recorrido por el pasillo hasta ella hacia un calor intratable. He abierto la puerta y un fresco de aire acondicionado me ha recibido en un espacio muy pequeño. Faltaba un cuarto de hora, pero ya había un par de personas de la época y una fila de chicas jóvenes, muy tatuadas, que debían acudir por lo de la contracultura.
Cuando faltaban cinco minutos para empezar la sala ya estaba a rebosar. Han empezado a traer sillas y más sillas, a ponerlas por los pasillos, junto a la puerta, delante de la primera fila, al lado de los ponentes, organizando un buen follón. David Castillo ha empezado a presentar el acto, todos como en una lata de sardinas y entonces han comunicado que teníamos una sala de otra planta, más grande, a nuestra disposición. He querido sacar una foto de la peregrinación por la escalera, que estaba divertida, pero me he liado y no la he hecho. La sala, efectivamente, era como el triple de la anterior, pero había estado sin aire acondicionado... En fin: paro de notas ambientales y voy al grano, a lo que se ha dicho en el acto.
David Castillo ha recomendado vivamente los dos libros de memorias de Nazario aparecidos en Anagrama, recalcando sobre todo el segundo, que es el primero. Y Nazario ha empezado entonces a explicar cómo se inició lo suyo por Barcelona, recién llegado de Sevilla, la libertad con la que hacía, por ejemplo, “La piraña divina”, que luego distribuía en un puesto de Canet y cosas así.
Pepe Ribas, con el tono doctoral, de dejar ver que se lo ha estudiado y le ha puesto teoría a su tiempo y a sus cosas, ha empezado lanzando una proclama de esas con ganas de asombrar: “Todo se le debe a María José Ragué. Su ‘California Trip’ fue la auténtica Biblia”, ha sentenciado. Luego ha seguido marcando etapas, señalando que en un primer tiempo se vivía del trueque, que más tarde quien quería estar con la contracultura, debía aprender a vivir con el dinero de otra forma y que, a partir del 77/78, el dinero ya se hizo necesario para todo.
Su proclama soltada a mayor volumen ha sido contra Pujol y para recalcar que Star y Ajoblanco se vendían en los kioscos del franquismo. Ha vuelto a una idea que ya le he oído alguna que otra vez, comparando el precio de alquiler de entonces de un local de la calle Aribau (3.000 pesetas) con el sueldo de un cartero (25.000 pesetas), para llegar a que esa proporción hoy impensable, sumado a cosas como que en el piso de Mariscal llegaron a vivir veinte personas, ofrecía un paradigma (aunque no ha empleado esta palabra) bien diferente que la actual.
Ana Briongos ha aplazado hablar de sus viajes (pero hay que saber lo que ha dicho de ellos después, pues ha estado muy bien) para reivindicar una casa, la de la calle Génova, en el Guinardó, de la que se habla cada vez más, por su estructura, sus habitantes y su forma de vida. Pero ha pasado una información más que interesante, que yo desconocía: Primero que su padre era de la brigada social, y que intervino con un constructor novato en el nacimiento de la casa, siendo ella la que convenció a este último de que contratara a unos jovencísimos del hacía poco creado Studio PER como arquitectos. Segundo que la casa estaba llena de subidas y bajadas, con lo que ninguna pareja quería ir a vivir allí porque era un sitio apropiado para que sus hijos se matasen en uno de esos revolucionarios cambios de nivel. Y por eso tenía esa variopinta ocupación.
Canti Casanovas se ha ubicado como previo y al margen de Ajoblanco y Star (Nazario, para entonces, ya había hablado de que todo empezó a acabarse cuando vieron que les empezaron a pagar, y de su entrada en contacto con Juan José Fernández), ubicándose como uno de los del aproximadamente un centenar de personas de “El rollo de Barcelona”. Luego se le ha visto bastante desencantado de la vida, viendo claro que “La web sense nom”, donde pacientemente va colocando toda la información que encuentra sobre las cosas de esa cuerda, tiene los días contados, falta de ayuda alguna, hasta que él o las gentes que la alimentan dejen de pagar y mantenerla.
Pepe Ribas ha tenido entonces, sin abandonar su semblante serio, de quien está explicando todo un movimiento social que tiene claro, dos o tres frases de esas que pueden dar fácilmente para un titular:
- Las grandes ventas de Ajoblanco se produjeron porque todas las juventudes comunistas se pasaron a ácratas.
- Lo que no se ha dicho, ni se quiere decir, es que en Barcelona tuvimos esos años -no como en otros lados- un franquismo blando.
- Nuestra primera prohibición fue ya con Franco muerto. Antes sabíamos que lo nuestro podía pasar y, además, nos ligábamos a los funcionarios de Información y Turismo.
- Y una curiosidad sociológica-geográfica: Nuestras prohibiciones y multas siempre partieron de denuncias de los kioskeros de Murcia, Albacete y Alicante.
Canti ha devuelto la nota seria al ambiente -entiéndase: Ribas no decía eso para hacer reír...- al decir que no se puede hablar de todo ese movimiento sin hablar de las drogas, y que aquí nadie quiere oír hablar de eso.
¿Por qué salió de viaje Ana Briongos? Tiene su gracia la explicación que ha dado: “De lo que se trataba era de salir de aquí”. Ha explicado que estaba hasta las narices del ambiente, y de los rezos de su familia. Que ella era la delegada de la Facultad de Derecho en el PSUC y que comprobó que en la organización no estaba permitida la libertad sexual. Que sabía que los Beatles habían ido a ver a un gurú a la India, que buscaban otro tipo de sociedad, y ella decidió ir hacia la India en busca de esa nueva forma de vida.
Tomó Ana Briongos un buque de línea turco que iba a Beirut y de allí apareció en Kandahar, la ciudad pakistaní donde, muchos años después, se refugió Bin Laden. Con mucha gracia ha explicado que allí sólo veía hombres, pero la trataron la mar de bien. Que los pastunes eran altos y estaban tan guapos, con esas ropas tan anchas, que creyó encontrarse en un pesebre. Que en la tienda donde compraba víveres llegaron a poner una foto suya al lado de la de la familia real persa. Y a la Persia del Sha es a la que fue más tarde, en 1974, tras acabar Físicas, con una beca para estudiar Lengua y Literatura Persa.
Iba todo de celebraciones de lo bien que se había hecho toda esa movida cuando, al dar paso al público, Ramón Muns ha empezado a decir que los sindicatos montaron una base que, al contrario de lo que se decía, había permitido que floreciera todo ese mundo. Pensando que hablaba de la UGT o de Comisiones, parecía que había gente dispuesta a saltar a la yugular y acabar con la placidez y buenos recuerdos del acto. Por suerte, se ha sabido que era de la CNT y la sangre no ha llegado al río. Al contrario. Todo el mundo ha salido muy contento, esperando la segunda convocatoria anunciada, aunque ya veremos si se monta.

La gente va llegando a la sala, mucho más grande, del cuarto piso. Con una temperatura ambiente -¡ay!- muy superior.

Los cuatro de la mesa...

... y a la derecha el moderador.
 

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