martes, 9 de abril de 2019

Sobre los Goytisolo

En la mesa Ton Carandell, Carme Riera y Miguel Dalmau. Junto a ellos, de pie, Dagid Castillo. En primera fila, casi en planos hitchkonianos, Julia Goytisolo y Miquel de Palol.


Empezó con poca gente y acabó llenándose. Además se fueron calentando tanto los motores -sobre todo gracias a Ton Carandell- que al final supo mal a todo el mundo que dejaran de funcionar. La convocatoria general de la ACEC iba de los Goytisolo. Ayer se centró básicamente en José Agustín (de cuyo fallecimiento ya se cumplen veinte años) con alguna excursión, vía Ton, mujer del poeta, por la saga Carandell (“Tenéis tanta chicha los Goytisolo, le echó en cara -sonriente- a Luis, que entonces se deja inexplorado el campo de los Carandell”), y hoy se hará otro tanto con Juan y Luis Goytisolo.
Carme Riera traía preparada una mini-conferencia, que esperemos podamos oír en otra ocasión, en la que la lectura de unos cuantos poemas de José Agustín de todas las épocas le iba a permitir ir sacando de ellos su biografía. Sabiendo que el acto no se planificaba lo largo que pensaba, cambió de intención, dedicando sólo una pequeña introducción a las características del J. A. Goytisolo que conoció.
Empezó contradiciendo lo expresado por David Castillo, director de la ACEC, en su introducción del acto, en el sentido de que JAG no ha recibido la atención que merecía: Es -dijo- uno de los más estudiados, y uno de los pocos que cuenta con una cátedra (en la UAB) a su nombre. Luego recordó su enorme trabajo de puente cultural, tanto entre Cataluña y España como con países como Cuba, para acabar recalcando al final cuánto echa de menos su presencia en estos momentos de puentes ibéricos volados.
La mayor reivindicación que hizo Carme Riera (que estuvo en el acto muy simpática) sobre José Agustín Goytisolo fue, no obstante, como persona divertida, que sacaba punta a todas las situaciones. Le llamaba, dijo “Reina Mora” y le asignó el calificativo de “entrañable” a sabiendas que no le gustaría nada a él, porque ese calificativo le acercaba -decía- a las entrañas de la carnicería. Relató como ejemplo un episodio en el que acudieron los dos a un acto, a él se le desgarró un bolsillo de la americana, le preguntó a ella si, pese a su feminismo, le podía pedir que le cosiera el desaguisado, acudió ella atenta a remendar el descosido y en veces sucesivas quedaron entonces manga y cuerpo y manga y falda unidos, dando pie a la sugerencia de José Agustín de pasar al velcro y, más tarde, en el acto, señalar con retintín llegar ambos casi esposados.
No olvidó Riera los momentos duros de José Agustín -luego también recordados por Ton cuando dijo que cuando quería ser pesado también lo era-, ni, lo importante, su enorme labor, señalando “Marca Hispánica” como ejemplo paradigmático.
Miguel Dalmau profundizó a continuación con el retrato con una nota impresionista que me gustó mucho. Ton y Carme Riera habían hablado de las tarjetas postales que se intercambiaban con frecuencia, tras sus reuniones, Salvador Espriu (con su diminuta letra tan característica) y José Agustín Goytisolo. Fue entonces cuando Dalmau dijo que él también había recibido alguna de esas tarjetas de José Agustín. Esos días -señaló- llegaba a mi casa y acercándome al buzón, un aroma de tabaco me llegaba ya antes de su apertura: “Ha llegado carta de JA” -se decía con satisfacción-.
Asunción (Ton) Carandell ha empezado muy discreta, contestando sin apenas extenderse a alguna pregunta de Carme Riera o Miguel Dalmau, que la querían pinchar para que, por ejemplo, quedara clara su autoría de unas cuantas fotografías claves de esa generación de escritores. Pero en cuanto Riera se dirigió a ella para que volviera a decir en público lo que le había dicho en privado de que José Agustín no solía escribir sus cosas sentado en largas tiradas ante una mesa, se destapó:
Vamos a ver ¿Aquí hay poetas? ¿Se sientan a escribir?- inquirió, como aquel que pregunta si hay algún médico en la sala. Quedó entonces claro que se le ocurrían las cosas paseando, escribía alguna nota en cualquier papelito y luego en casa pasaba lo que había recogido por esos informes papelitos. Eso dio lugar a la primera intervención espontánea de Luis Goytisolo, en la primera fila del público, y al considerable lío de pase de micrófonos con cable que se dio a partir de entonces. Dijo -y repitió al final ya disponiendo de micrófono Luis Goytisolo:
“Escribo con los pies. En el paseo organizo lo que vendrá después.”
Y de ahí Ton pasó a desvelar un detalle curioso, muy significativo, sobre José Agustín: Rompía todo lo que había escrito y desechado previamente. Lo rompía en pedacitos y lo tiraba, como si no quisiera que nadie descubriera por donde habían pasado sus textos definitivos.
Fue a partir de entonces el acto un gozoso reguero de anécdotas explicadas por uno y por otro, que fueron configurando a oídos del público el carácter de José Agustín Goytisolo. Dalmau nos habló de una nota manuscrita de José Agustín encontrada en un poema de Cernuda que cambiaba un “el hombre que suspire” por “el hombre que respire”, quedando muy contento con ese descubrimiento que le hacía ver tan bien las diferencias entre ambos poetas. Ton Carandell explicó las diferencias de comportamiento y educación familiar entre los Goytisolo y los Carandell. Cuando iba a casa Goytisolo veía que (señalando a Luis Goytisolo) “Este pequeñajo metía baza en cualquier tema, político, social, que se hablase. En mi casa nada”. Para acabar de explicar la expulsión de los Jesuitas de José Agustín pidieron detalles a Luis Goytisolo, quien perfiló la cosa:
“José Agustín lanzó una plumilla de esas antiguas con tan buena puntería que fue a dar a un Cristo. En el colegio convocaron a José María Goytisolo, su padre, para comunicarle su expulsión, diciéndole que era porque tenía un hijo sacrílego”
Estas cosas salían por ahí porque tanto Carme Riera como Miguel Dalmau, como parcialmente David Castillo, que no lo había conseguido -confesó- por la mañana ante la prensa- querían hacer que Ton Carandell se destapara, pues, como se demostró, guarda en su memoria cantidad de información inexplorada. Y le preguntaban por el inicio del idilio de la pareja. Sobre el primer encuentro Ton explicó algo que ya sabía vía José María Carandell:
José Maria Goytisolo se enfadó tanto con los jesuitas que sacó también a los otros hermanos del colegio y los llevó a todos al Colegio de La Salle. José Agustín Goytisolo y Luis Carandell se hicieron amigos íntimos. En una fiesta del Corpus en casa Carandell de la calle Provenza (en un magnífico patio en el que jugaban a fútbol o representaban obras de teatro), el primero vio a Ton y se la señaló al segundo. Luis Carandell le desanimó:
- Es mi hermana. Es tonta.
No se acabaron ahí las anécdotas. Miguel Dalmau recordó, por ejemplo, lo que explica Salvador Pániker en sus memorias, de que en una pelea jugando a fútbol rompió el brazo a José Antonio. O después de que Dalmau hablara de la multa que iban a poner a José Agustín por lo que decía en uno de sus versos, Ton -ya sin necesidad de que su hija Julia, también en primera fila, le apuntase nada-, recordó otra que le pusieron por lo que le dijo a un policía. Ésta es hilarante:
Estaba en la calle y la policía cargó contra una manifestación. Uno llegó junto a él, sólo frente a una fachada:
- ¡Disuelvase!
- Si estoy sólo no puedo disolverme...
Y la última, porque esto ya se está haciendo eterno:
Ton explicó un viaje a Cuba, en el año 1969. En el regreso de Santiago a La Habana pararon en Cienfuegos y mientras José Agustín hacía, como tenia por costumbre, la siesta en su habitación del hotel, Decidió bajar a recepción para pedir un listín telefónico, a ver si encontraba a algún Goytisolo, pues sabía que tenían familia cubana. En recepción le explicaron que había 500 familias Goytisolo en la ciudad, lo que le dejó desconcertada, y se ofreció a que fuera a su habitación una chica que trabajaba en el hotel. Al cabo de un tiempo llaman a la puerta de la habitación y aparece una mulata de casi dos metros de altura, fuerte, que ella tuvo la ocurrencia de presentar, despertándole a José Agustín. Éste, medio dormido, levanta la vista de la almohada, y la dirige hacia el umbral, ocupado casi totalmente por esa figura. Aterrorizado, se escondió abajo la manta. Una explicación sobre esas 500 familias Goytisolo. La familia Goytisolo había tenido un ingenio en Cuba, con esclavos. Cuando los esclavos quedaban liberados, se les daba el nombre de su antiguo patrono.
Y no sé por dónde colocar lo que apunté de que Ton consideraba su “Taller de Arquitectura”, junto a esos primeros libros tan vividos junto a él, de lo más interesante de la producción de José Agustín.


Luis Goytisolo en su primera intervención, iniciando el lío de micrófonos que nos tuvo en ascuas a todos los asistentes.

 

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