En una escuela de negocios de por esos mundos de Dios se debe pagar una pasta gansa por escuchar una conferencia de este hombre como la que asistí ayer sin sacar ni una moneda de mi bolsillo. Acordó conceder graciosamente una mañana de su tiempo a unos cuantos Ingenieros jubilados porque él es también ingeniero. Un tiempo que no le debe sobrar, pues no en balde ha estado en este último mes en tres ocasiones en África (en la capital de Ghana, Accra) y acude constantemente a China, donde fue el primer europeo en conversar con su presidente...
El de la imagen que parece darse cuenta que le estoy haciendo una foto es Pedro Nueno, un nombre de los más reconocidos en la enseñanza de Dirección de Empresas, parece que conocido por aquí sobre todo por su columna dominical en La Vanguardia, creador de la Escuela de Negocios China-Europa, líder en Asia, durante un tiempo (6 años) miembro del Consejo de Harvard, y un amplio etcétera.
Pese a que no comulgo con sus razonamientos, muy integrados en un estado neoliberal de las cosas (esa aseveración tan oída de que "todos sabemos que no hay dinero para pagar las pensiones", o que Ineludiblemente "se deberá alargar la edad de jubilación", sin decir que eso es así si se quiere seguir con el actual reparto de los beneficios, o que en todo caso dependería del incremento de productividad, como tampoco se dice que, en cambio, sí hay dinero para otro tipo de cosas que maldita la falta que hacen), pues me resultó sumamente interesante asistir a sus explicaciones, siempre efectuadas de una manera muy reposada, equilibrada y razonada.
Empezó con casi nula modestia, pero es que uno llega a la conclusión de que, dado su historial, no tiene por qué hacer gala de ella. Se hizo inicialmente Arquitecto Técnico porque era una carrera que se podía cursar a partir de 4o de Bachillerato, donde se aburría soberanamente, obteniendo matrículas de honor en todas las asignaturas. Fue con miedo a la terrible selectividad de la Escuela de Ingenieros, pero cuando vio que no sólo lo había aprobado todo a la primera, sino que en todo había sacado también matrículas de honor, pensó que eso era una comedia, decidiendo entonces trabajar en cuerpo y alma como arquitecto técnico, haciendo la carrera de Ingenieros por libre.
Comentó también ayer que estaba entonces tan imbuido en su posición de que lo que le interesaba y era productivo era la técnica, que le decepcionó enormemente que, para aprobar, en Ingenieros se tuviera que aprender uno el libraco de Economía de Paul Samuelson, que no tenía nada de técnica, siendo todo teoría. Para hacernos ver cómo cambiaron luego las tornas, en seguida nos desveló con una mueca sonriente en la boca que ese libro lo tiene firmado dos veces por su autor, pues sacó el volumen con esa intención en las dos ocasiones en que Samuelson estuvo cenando en su casa.
Le hablaron positivamente del IESE -siguió luego- recién casado, en 1968 y, curioso, quiso probarlo. Pero para ser profesor ahí le pidieron un doctorado en Harvard, en un momento en que no tenía ni idea de inglés. El test de acceso se lo hicieron en la base americana de Torrejón. Aprobó y se fue a pasar una temporada con su mujer a Boston, donde se crió su primer hijo y nació un segundo, y siguió el maestrazgo (él como "esclavo") de Howard Stevenson sobre iniciativa emprendedora, que es precisamente el tema que desarrolló a su vez como profesor al volver al IESE, en un momento en que no había ningún curso así en Europa.
Orgulloso, comentó que obligaba a todos sus alumnos a efectuar un plan factible de una nueva empresa. Varios la pusieron en marcha (un primer gimnasio con máquinas; una franquicia de Domino's Pizza cuando por aquí no se despreciaba la pizza, que pasó luego a ser Boston Pizza, tras compra de la franquicia por la casa madre). Lo siguiente de importancia que ha reseñado es que creó un fondo de capital riesgo para financiar los proyectos de sus alumnos, saliendo de ahí unas 60 empresas.
A partir de ahí, se puso a crear Escuelas de Negocios en Argentina, Colombia, Eslovenia,... En 1983 creó un master en Pekín, reuniendo a cinco escuelas occidentales. El embajador francés le sugirió que lo trasladara a Shanghai, donde todo le sería más fácil, sin tanta burocracia. El alcalde de la ciudad, encantado, le regaló unos terrenos en Pudong, entonces un barrizal, hoy el barrio financiero más cotizado, encargando al cabo de un tiempo de supervivencia por locales prestados el diseño de un campus al entonces en el candelero arquitecto I. M. Pei. Gente jubilada de Europa, ilusionados por poder seguir trabajando, fueron los profesores que acudieron a dar las clases e implantaron Europa en China.
El éxito ha confesado que es enorme, siendo la Escuela de Negocios más saneada económicamente del mundo. Creó luego otro campus en Pekín, otro en Shenzhen, el "silicon valley" chino. Por último, más recientemente, hizo una extensión desde China a África. En Ghana, donde hay vuelos diarios a todas las ciudades europeas, salvo las españolas... En 2014 compró el Peter Lorange Management, en Zúrich, desde la escuela de China.
Al margen de todo esto, está en los consejos de cantidad de empresas, a las que asesora, y ha escrito libros con enorme éxito, con ventas en ediciones en todos los idiomas ("Mi vara de medir si sigo presente es entrar en la librería de Harvard. La última vez que lo hice vi que vendían cinco de mis libros"). Según él, escribe un libro al año en los aviones que le desplazan por todo el mundo, pues lo surca continuamente.
Buena parte del coloquio final se ha centrado en su experiencia con China. Dice que ha oído a su máximo dirigente asegurarle que lo que quiere es tener una larga paz y posibilitar así el desarrollo económico de su gente. Ha soltado la frase: "No son papeletas lo que cuenta hoy en día", poniendo en un segundo término el tema de las libertades políticas de los súbditos chinos. Ya que ha formado aquí y en China a dirigentes políticos, ha accedido a comparar los actuales. Ha hablado de épocas anteriores en que había bastante político español con buena formación, pero que aparentemente, ya "se acabó eso del servicio temporal al país" que consideraban antes que debían hacer.
Explicó finalmente varias cosas para que veamos la naturaleza de lo que consigue para su campus viajando a China. Una de ellas que la semana pasada estuvo en ese país con el presidente de Volvo (chino, porque la Volvo fue comprada por un chino). Tras su conversación éste le regaló para su escuela un millón de euros y cinco Volvo último modelo.
Lo mismo, aproximadamente, que yo consigo hablando con Fulanito o Menganito cada vez que levanto el auricular de mi teléfono: Todavía me desenvuelvo con el fijo.

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