lunes, 15 de enero de 2018

Ricard Salvat


Son, de izquierda a derecha, Eva Saumell (investigadora teatral, actriz y directora teatral, que ha sobreactuado un poco), Álex Broch (gran conocedor de la literatura catalana) , Enric Ciurans (profesor de Historia de las Artes Escénicas de la UB), Francesc Huguet (UAB) y el escritor Jordi Coca (quien ha señalado al empezar su disertación que no es que fuera el más bajito, sino que era el único que se había quedado sin cojín: que conste aquí para la posteridad). Están en la tribuna de la Sala Sagarra del Ateneu para presentar el segundo volumen (Universitat de Barcelona Edicions) de los dietarios del director teatral Ricard Salvat. Casi 500 páginas que abarcan de 1969 a 1972.
Alex Broch, que se ha identificado como alumno de Salvat en la Universidad, ha hablado un poco de los grandes temas que aparecen en los diarios de este volumen. Ha señalado que en ellos se aclara todo lo relacionado con la prohibición de "Castelao i la seva època" y al día siguiente su expulsión de Portugal, muchas cosas sobre su empeño en la creación de un Teatre Nacional, siempre con una sinceridad enorme, diciendo nombres. (Se dirá que eso es normal en escritos que hace uno para sí mismo, pero es que resulta que todo el volumen anterior y la mitad de éste ya habían sido revisados por el mismo Salvat para su edición y lo fueron sin autocensura alguna). Broch también ha señalado lo mucho que habla de cine y lo clara que deja su posición política como hombre de izquierdas ante temas conflictivos como los de Cuba, Vietnam o el conflicto árabe-israelí. Pero, por encima de todo esto, ha regresado a su experiencia personal, como alumno por allá 1970-1971, y ha indicado los asuntos en que generosamente, Ricard Salvat le brindó su ayuda y de esa forma encaminó su futuro.
Jordi Coca ha redundado en la idea de la preocupación de Salvat por mejorar un teatro local que consideraba pobre, hecho por gente con muy mala formación, y ha destacado la agudeza de alguno de sus juicios y (des)calificaciones.
Francesc Huguet, editor de este volumen, me ha llegado a asustar un poco y hasta diría que por la sala ha habido un revuelo cuando ha dicho que tras este segundo deben quedar otros diez volúmenes para completar la transcripción de todas las libretas de diario que dejó escritas. Habrá que buscar un sitio por casa para instalar una nueva estantería que pueda albergarlos. Porque (esto ya es cosecha mía, obtenida de la lectura del primer tomo) el interés de los diarios es innegable. Innegable y sorprendente, porque es muy extraño que en libros de estas características se refleje tan fielmente el pensamiento -a favor o en contra, sobre todo en contra- de una persona, sin ocultar ni los nombres ni los detalles.
Enric Ciurans, que es quien ha dirigido el cotarro y conocía muy bien a Salvat, porque le hizo durante muchos años de algo así como secretario, sólo ha intervenido, al margen de presentar a los ponentes, para explicar de alguna forma la extensión, el enorme panorama que abarcan estos dietarios: "Iba mucho al teatro, al cine, y, cuando no salía, veía la televisión y también escribía sobre ello y nos lo explica".


 

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