He ido renqueante hacia el Palau Macaya, porque llevo un par de días escacharrado. Al salir seguía algo mareado, pero se ha de decir que la conferencia de hoy ("La herencia de la revolución rusa", de José María Faraldo, me ha vivificado bastante. Es lo que suele suceder cuando alguien hace -aportando razones- tambalear tus creencias.
Faraldo, profesor de historia de la Complutense, ha sido presentado por Josep Ramoneda como "el que más sabe" de la Revolución Rusa, cuestión que ha estudiado con profusión desde hace tiempo. Haciendo un repaso de lo que ha aparecido por ahí para conmemorar el centenario del acontecimiento (En Rusia - ha explicado- no ha habido ninguna celebración oficial. Sólo el partido comunista ha homenajeado a Lenin y Stalin ... ¡en el hotel Hilton!), ha prometido explicar sólo cosas nuevas, que se han podido averiguar tras la apertura de los archivos. "Porque -para decir otra vez lo mismo- ha dicho- no creo que me paguen." Tras eso ha ido soltando, una tras otra, varias sentencias que han llegado hasta a sentar mal a parte del auditorio:
- Las historias de terror que se contaban eran ciertas, quizás incluso más sangrientas, y están hasta las sepulturas para demostrarlo. A él se le ocurrió analizar los libros de los presupuestos y dio con una partida inicial para campos de concentración. Las cárceles zaristas se hicieron en seguida pequeñas y vieron la necesidad de ampliar a lo grande la capacidad de reclusión. Aún no eran campos de trabajo, cómo serían con Stalin, pero fue su origen, ya desde un principio. "Los bolcheviques no son de los nuestros, de verdad". Llevaban el germen desde el origen. Y, para confirmar la maldad del sistema, ha explicado lo que pudo documentar un doctorando en Alemania, con la liberación de los archivos: Se cursó una orden que establecía cuotas de fusilados por regiones. Se condenaba a morir a un número determinado de gente por región, sin atender a quiénes eran ni lo que hubieran hecho.
- (Sobre la revolución). La de verdad es la de febrero, y no la de octubre, que fue un golpe de estado, un "alzamiento" como el del franquismo, un golpe militar que cambió por completo la cosa. La toma de Palacio de Invierno no fue en absoluto como ha quedado instalada en el imaginario colectivo. Participó muy poca gente, y no hubo comportamientos épicos. La imagen épica nos viene de una representación que se montó años después en Petrogrado, con 14000 extras y un director austriaco y, desde luego, unos años después de la película "Octubre" de Eisenstein, que se basó en esa representación.
- La imagen del Imperio Ruso como gigante con los pies de barro es falsa. Se estaba modernizando enormemente. Poseía una agricultura avanzada, e incluso se sabe ahora que había campesinos con tierra propia en Siberia.
- No existía ningún movimiento nacionalista con poder de derribar al estado zarista. Únicamente hubo movimientos autonomistas dentro del Imperio.
- En 1916 no hubo hambruna generalizada, como en tantas ocasiones se ha indicado.
- Fue la guerra mundial la que cambió las cosas, la que causó la revolución.
- A la guerra mundial le siguió una guerra civil, mucho más cruel que la española, que acabó en una dictadura militar, que es la que realmente configuró la URSS.
- No todas las emancipaciones sociales previas, que ciertamente hubo por todo el país, fueron positivas. En los hechos de febrero el pueblo quita las tierras de los campesinos libres.
Y ha seguido aportando ideas y razones: Antes del octubre - o mejor del febrero- ruso, hubo por el mundo otras crisis de modernización sociales virulentas, como la mexicana (de la que se ha olvidado todas sus grandes transformaciones sociales, quizás por eurocentrismo), la de Turquía, la expulsión del rey en Portugal. Lo de Rusia no dejó de ser una más en esa línea.
Aunque ha querido centrarse en la revolución, y no en el estalinismo y todos los avatares posteriores a la revolución, también ha explicado cosas curiosas de esa otra época y de la situación actual:
Por un lado ha hecho hincapié en el cambio de sentido de las conmemoraciones de octubre. De festejarse el aniversario de una revolución se pasó a darle a la Fiesta un gran componente de exaltación nacional. De hecho ahora se recuerda a Stalin, y casi nada a Lenin. Stalin fue el vencedor de los nazis en la II Guerra Mundial, que unió a la gran nación.
En el coloquio ha sido cuando casi saltan las chispas. Ha hecho una descalificación del libro de Fontana en el que, según él, sólo hace que repetir que la sociedad del bienestar europea se está hundiendo debido a la desaparición de la URSS, que hacía de dique de contención, "lo que es totalmente falso". A ésta el mismo Ramoneda ha saltado, diciendo que basta con ver la caída de presupuestos sociales en Europa en las últimas décadas. Pero es cierto que Faraldo ha dado argumentaciones a tener en cuenta, que te hacen realmente dudar: el estado de bienestar arrancó en Alemania en el s.XIX y el neoliberalismo empezó en los 70, cuando nadie pensaba que la URSS iba a derrumbarse...
Cuando recientemente expresaba mis preocupaciones por el momento político actual, un amigo me soltaba un "Alégrate: ¡estás viviendo Historia!" Confirmo ahora, tras esta conferencia, que ya tenía yo razón al contestarle con un "¡Así se escribe la historia!"


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