martes, 10 de octubre de 2017

os musulmanes en Europa

Nilüfer Göle y Josep Ramoneda.

Si hoy es el día que va a desencadenar todo lo que se nos viene encima, ayer era la víspera, lo que provocó que el mismo Josep Ramoneda, que conduce todo el ciclo "Las bases sociales y culturales de la Europa actual", casi se excusase de haber provocado ese encuentro que, cuando se programó, parecía candente, pero que, dado en lo que estamos metidos, se ha relegado increíblemente a secundario.
Iba ayer a la Escola d'Humanitats Europea Nilüfer Göle, una socióloga turca que trabaja actualmente en Francia, que nos fue presentada como una auténtica autoridad en el tema: "Los musulmanes en Europa".
Ramoneda nos dijo que iba a hablar de la contribución de los musulmanes en la construcción de Europa, si bien a la primera de cambio ella comunicó que venía a hablar en estos días de tensión de un tema que también nos podía interesar mucho en estos momentos: Cómo vivir juntos. Claro que lo decía respecto a los musulmanes que habitan en Europa...
Su charla, no yendo sobre lo esperado, ha tenido, creo, mucho interés para centrar su opinión sobre las bases para la convivencia después de terribles atentados como el de Barcelona.
Ha empezado explicando -y aquí veo que actúa como Iván Illich: el saber desde cuándo se nombra cómo se nombran las cosas ayuda enormemente a su comprensión- que eso de llamar en Europa a los inmigrantes "musulmanes" es relativamente reciente. Antes eran "del Magreb", "turcos", etc.
Ha explicado a continuación que un atentado como el reciente de Barcelona ya no puede decirse que haya partido de inmigrantes, sino de, en todo caso, postinmigrantes. La postinmigración plantea entonces ya no problemas de inmigrados, sino de ciudadanía...
Lo más difícil -ha seguido- es llegar a definir su objeto de estudio, como llamar a todos esos musulmanes que viven en Europa, y que rechazan brutales acciones como aquella. Englobando gran cantidad de categorías, ha precisado, sus hijos van a la escuela, pareciéndose más a sus compañeros de clase que a los chicos de su país de origen. Ella ha llegado finalmente a idear para ellos el término de "Musulmán ordinario".
Ha mantenido la religión como un elemento básico, característico, de los componentes de toda esa gente. Yo le he preguntado en el coloquio final por la evolución de la laicidad dentro de ese grupo, si subía o por el contrario iba bajando, y he recibido de su parte un buen rapapolvo, señalándome que la laicidad no es estar al margen o mostrarse contrario a la religión (como un grado "avanzado" de la situación en Occidente, desde el que se mira con desprecio a las actividades religiosas), sino poder convivir tranquilamente con gente de cualquier religión.
El Islam abarca mucho, siendo visible por muchas cosas (comida, ayuno, culto, velo,...), con lo que ha provocado muchos debates públicos. Curiosamente nunca como derechos de minorías, sino como un problema. Es así que, en vez de construir, se va siempre camino de la controversia, la fractura. En vez de incluir, se quiere excluir ciertos comportamientos.
Estamos en un momento -ha redondeado, hablando más genéricamente- en que se lanzan las proclamas sin debates previos. No hay oportunidad de escuchar al otro. Y eso es así en buena parte por la actitud de los medios de comunicación, que nos dejan sin espacio de debate cultural. Entonces actúan sólo los nacionalismos, especialistas en señalar como sospechosos a los otros. Por otro lado, antes disponíamos de las ciudades como lugares de sociabilización, de familiarizarse con el otro. Pero se ha incrementado sobremanera la mixofobia de la que hablaba Bauman, y se está produciendo una terrible segregación territorial, acabándose los sitios a compartir.
Los musulmanes ordinarios en esas circunstancias se retraen, se muestran molestos:
¿Por que se sospecha de mí? -se preguntan. Para evitar esa situación ha llegado a la conclusión de que se requiere una ciudadanía activa.
Cuando hubo la fatua del ayatola Jomeini contra Salman Rusdhie, los musulmanes no quisieron situarse contra otros musulmanes. Ahora son ya absolutamente necesarios actos de ciudadanía. Nilüfer Göle pone en valor hechos que han llegado a ser hasta ridiculizados o trivializados: Aquel Imán abrazando al padre del niño fallecido en Barcelona, todas esas demostraciones de que todo se hace "No en mi nombre", el Consejo Musulmán británico rechazando hacer un funeral a los asesinos de Londres, la misma campaña "Coexist". Movimientos salidos de la gente, no de los gobernantes como el multiculturalismo.
Para acabar ha puesto un ejemplo de la construcción de un minarete -que tanta polémica ocasiona- en Alemania. Lo ha diseñado un arquitecto bosnio, y ha recibido por su diseño -es muy bonito- premios de categoría. Como buena parte de las protestas llegan por lo molesto de las voces del muacín llamando a la oración, se ha pensado en un minarete luminoso, sin voces. Medidas como ésta son -concluyó- las que pueden hacer que vivamos juntos sin problema.

El logo de "Coexist".
 

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