Al aparecer en el estrado. Los he visto llegar, acompañados de dos chicas, por la calle, bajo paraguas. Lemaitre, decidido, precedía el cortejo. Incluso ha entrado en el sitio equivocado. Banville, más discreto, lo cerraba. Eso ya daba una idea del carácter que después podría deducirse de sus respectivas intervenciones. La de uno explosiva, la del otro igualmente con cargas de profundidad, pero bajo una espesa capa de socarronería. No en vano Irlanda es también una de las islas británicas...
No he leído ni al uno ni al otro, pero fui a acompañar a Teresa, que sí a ambos, en uno y otro tipo de sus novelas. Fue ayer en el CCCB, dentro de Kosmópolis. Dos autores que han practicado tanto la novela negra como la novela tout court, pero en orden inverso. Pierre Lemaitre empezó, a una edad tardía, con novelas policiacas, para luego empezar a escribir otra cosa. John Banville, después del éxito de sus alaboradas novelas, se puso, bajo el pseudónimo de Benjamin Black, a escribir también novela negra.
Prácticamente todo el coloquio ha versado sobre esto. John Banville dice que hizo el salto impresionado de lo que veía que podía hacer Simenon. Dice, no obstante, escribir mucho más rápido las novelas de Black, frente a las de Bainville, escritas minuciosamente, con “papel y pluma”. Pierre Lemaitre, por su parte, dice que empezó a escribir novela policiaca porque era lector de ese tipo de literatura, y veía que se leía muy facilmente, pensando que así también sería en cuanto a su escritura. Cuando vio que no era así, su cabezonería y el ver que había bastante dinero por el medio a ganar –asegura- le hizo seguir.
Me ha gustado Anna Guitart, que hacía de moderadora, preguntando astutamente un par de cosas mediante las que obligar a estar atentos a sus entrevistados y hacer que no se dejaran ir por el camino fácil, dejando el automático puesto. Así, a Bainville le soltó que estaba muy bien decir cosas tan bonitas del género negro, pero que curiosamente le había leído decir sobre sus otras obras que escribe “obras de arte”, mientras que nunca le ha oído decir lo mismo sobre las de género. Y a Pierre Lemaitre, cuando ha celebrado que ya se está acabando la moda de “esa desastrosa novela negra escandinava, literatura depresiva donde la haya”, le ha recordado que a él precisamente le habían presentado como “el nuevo Stieg Larson”…
Sobre el éxito de la novela negra (Más de una curta parte de las publicadas en Francia, según Lemaitre) los dos han estado de acuerdo en que esto suele pasar en épocas de crisis. Bainville ha añadido que estamos en época rebosante de violencia, y ha aprovechado para lanzarle un recado cariñoso a Trump: “La violencia últimamente se ceba sólo en países libres (Canadá…). En régimenes fascistas como el suyo deben pensar que ya no es necesario un crimen en serie, pues de eso ya se encargará el gobierno.”
Sólo al final hablaron de temas genéricos sobre escritura. Lemaitre ha explicado que lo que más le cuesta es siempre el primer capítulo. Para su ultima novela, que ahora presenta, necesitó para el definitivo capítulo inicial de 23 versiones. Bainville confirmó que el principio del libro es el que dará la tonalidad del resto, pero rebajó ese momento difícil al primer párrafo y acabó como Lemaitre: “Una vez conseguido ya está. Sólo queda escribir el libro.”
Ha dado la sensación de corto. No habrá durado ni una hora, y en ese tiempo, descontado el necesario calentamiento, es difícil hacer que entren en profundidades, más allá de promocionar indirectamente sus últimos libros. Pero el público se ha retirado dócilmente, con la sonrisa en la boca, hacia el tremendo aguacero que ha golpeado Barcelona (la rampa de descenso a la subterránea entrada del hall del CCCB era un rápido, y al dejar la puerta debías sortear un buen charco), haciendo cola previamente para devolver los aparatos de la tradución simultánea para la multilingüe conversación. Quizás ya querían levantar sus posaderas de las sillas tijera en las que habían reposado bastante más tiempo, pues el inicio del acto se retrasó bastante, yo creo que precisamente para el montaje y puesta a punto de una tercera cabina de traducción simultánea.
Anna Guitart, presentando a ambos. Ya habían preparado la paradita de libros y ese aparador al borde del escenario.




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