Los comunales, The commons, the waste, uso civiche, el ejido, el pro-común... Para intentar hacerme una idea de ese ya lugar común (aunque con una dificultad evidente desde cómo nombrarlo hasta para definirlo), al que se refieren ya muchos cuando buscan una cierta esperanza de futuro, he asistido hoy en la Univesidad de Barcelona a la mesa redonda con Jean Robert (arquitecto "desprofesionalizado", amigo de Ivan Illich -a quien se referirá en muchas ocasiones- en Cuernavaca) y Antonio Lafuente (CSIC, fundador del laboratorio del pro-común de Madrid).
Robert, hasta con una cierta semblanza física y de gestos con Illich, ha estado más centrado en bucear en el origen y significado de las palabras, sacándoles un jugo grande. Lafuente, por su lado, se ha mostrado más interesado en descubrir y ver cómo pueden surgir y articularse movimientos de este tipo.
Vayamos a las definiciones. "¿Cómo se puede restaurar una realidad para la que ya no hay concepto, que ha desaparecido? se ha preguntado inicialmente Jean Robert. Los comunales, ha explicado, eran -porque ya no existen- un dispositivo para defender a los más débiles. Ha acudido al concepto de umbral de Ivan Illich: el umbral de una casa es el divisor del espacio público del privado. Habría que imaginar otro umbral para ir a un tercer espacio, ni público ni privado. Un espacio abierto para la subsistencia, no para desarrollar en él una producción económica. Y los ejemplos. Por el Jura, a partir del mes de octubre, se abren las verjas de los campos, y la gente más desfavorecida puede ir ahí a la cosecha de hongos para cubrir parte de sus necesidades. En Gran Bretaña, cualquier tesoro que se descubra en el terreno existente entre las orillas de las dos mareas es para quien lo descubre. Cuando las espigas de trigo tocan al suelo pueden ser recogidas por quienes tengan necesidad (ver "Les glaneurs et la glaneuse", de Agnes Varda...). No hubo hambruna al hundirse la URSS gracias a la pervivencia de formas de lo común. Todos ellos son vestigios de dispositivos que en la antigüedad eran generales.
Antonio Lafuente ha explorado otros campos, señalando la necesidad del pro-común por dos motivos: A/ Ahora ya no se sostiene que el Estado vaya a defender lo que es común, vista su enorme dejación a oligarquías y corporaciones B/ El sector público es un gran creador de minorías, cada vez más abundantes. Ha definido lo común como algo "entre todos", no "para todos", y ha hecho hincapié en que presenta ahora muchos aspectos inmateriales. Ha puesto un ejemplo curioso de cuerpo común: el de ese 3 o 5% de personas (casi todas mujeres) que desarrollan una extrema sensibilidad ante las ondas electromagnéticas, que les llegan a producir diversos grados de la enfermedad de la fatiga extrema. Hablando entre ellas, hartas de que nadie les hiciera caso, crearon una nueva terminología, y de allí llevaron a hacer reconocer su caso. Plantea este ejemplo como un modelo, una comunidad que está creando nuevas formas de sociabilidad.
Ha habido luego, en el coloquio, una batería de preguntas de Manuel Delgado, todas ellas con cargas de profundidad, preguntando por las acusaciones recibidas sobre reaccionarismo, sobre dónde queda todo eso ante la famosa lucha de clases o sobre si no tienen miedo de una posible banalización cuando, por ejemplo, hay una fuerza que aspira a la alcaldía de Barcelona bajo el nombre de Barcelona en Comú...
He ido siguiendo, pero ciertas preguntas han llevado por terrenos etéreos que me han sido muy difíciles de seguir. Uno es incapaz de articular frases de esas.

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