Mira por donde una conferencia de José Enrique Ruiz-Domènec que empezó hablando de la pugna entre la historia y la estrategia en 1526, resulta que acabó sumergiéndonos en aspectos poco oídos de la actual guerra de Ucrania.
Fue ayer, en el Aula de Extensión Universitaria de los ingenieros, a la que Ruiz-Domènec acudió una vez más, como siempre preocupado de la puesta en escena de su discurso, pero quizás sin tanto revuelo escenográfico como en ocasiones anteriores. No en balde han pasado los años y con ellos hasta una pandemia y confinamiento.
Uno de los organizadores, intentando ver si averiguaba de qué iba una charla que en su enunciado hablaba de la fecha de 1526, confesó haber visitado internet y, entre una retahíla de cosas, haber visto que en ese año Carlos V se había prometido con Isabel de Portugal..
Estas cosas agradan al conferenciante, y más si tienen lugar en su Andalucía natal, y, después de meterse jocosamente al auditorio en el bolsillo, describiendo cómo funcionaban esos lances, en los que el pretendiente tenía que demostrar que podría cumplir los deberes matrimoniales ante notario, explicó que efectivamente Carlos V era uno de los protagonistas de la velada, pero que la historia iba esta vez de guerras, y concretamente de la comparación de dos batallas, una de esa fecha de 1526 y otra de este 2022 de nuestras desdichas.
La primera tuvo lugar en Móhacs, a 170 km de la actual Budapest. Solimán el Magnífico había decidido atacar por el Danubio hasta poner cerco a Buda y Pest, inicialmente, y luego Viena. Le salió al paso Luis II, el rey de Hungría… y perdió.
Según Ruiz-Domènec, cometió un error mayúsculo: no había estudiado estrategia -nos explicó- y, en vez de esperar a combatirlo en los viñedos que rodeaban Pest, salió a hacerlo en la llanura de Móhacs, donde fue derrotado por el otomano provocando nada menos -palabras de R-D- que los húngaros, y toda esa “Mitteleuropa”, “no levantaran cabeza hasta el s.XIX, en que se creó el Imperio Astro-Húngaro” y, de alguna manera, la situación actual.
Poco a poco, dirías que perdiéndose a veces en detalles anecdóticos, marca de la casa, que hacen las delicias de sus sesiones, el conferenciante nos fue desvelando lo que había detrás de esa batalla, de ese enfrentamiento y de esa derrota, haciendo mención de la posición en ella de los grandes poderosos del momento.
Un año antes Carlos V vencía a su máximo enemigo, Francisco I, el rey de Francia, en Pavía, habiendo éste pedido ayuda a Solimán, que en consecuencia se sentía respaldado por él. Por su parte, Clemente VII, el Papa, era uno de los Médici, todopoderosa familia florentina que, con el recuerdo de la conspiración de Florencia en la que fue asesinado Giuliano, no quería por nada de la vida prestar dinero a Carlos V. El otro poderoso del momento, Enrique VIII, como estaba enemistado con el Papa porque éste no le quería conceder el divorcio, parecía en esta ocasión un claro enemigo del bando apoyado por éste, pero siendo de una tía de Carlos V de quien se quería divorciar, se mantuvo ausente del conflicto.
Luego, Paulo III, sucesor de Clemente VIII, ya no era un Médici, sino de la poderosa familia Farnesio, con lo que podría apoyar a Carlos V, pero el Sacro Imperio Romano Germánico -toda esa Europa Central- acabó yendo a parar a su hermano, Fernando.
Esa batalla de Mohàcs que perdió Luis II la comparó José Enrique Ruiz-Domènec con la reciente del 24 de febrero de 2022, fecha en la que el ejército ruso invadió Ucrania. Quien no contó en este caso con la estrategia fue Putin.
Solimán, que intentó hacerse con toda esa Europa central, se adentró por el Danubio y conquistó Belgrado, Servia, y aquí llega la comparación con la situación actual, conflicto con el mundo eslavo.
En el siglo XVI, Solimán consideraba suya la mitad del Mar Negro. Quiso, como hemos visto, que todo el Mar Negro fuera suyo.
La invasión inicial actual de Ucrania por parte de Rusia consistió en tomar el este del país, ampliar la zona que rodeaba por el sur a Crimea -territorio clave del Mar Negro- y desde Bielorrusia llegar a Kiev. El objetivo, señaló Ruiz Doménec, era controlar el Dniéper, de donde procede -poca broma: no lo sabía- el 80% de la electricidad de Rusia. Luego pareció que Putin buscaba también el control del Dniéster (frontera con Moldavia, con la franja esa tan peculiar que apenas si sabíamos que existía de Transnistria) y eso ya provocó una enorme unidad de acción en contra para evitarlo.
Si sus conferencias no proporcionarán las sorpresas que proporcionan, no tendrían el éxito que tienen. Paso a referenciar, a modo ya telegráfico, un par de sorpresas -al menos para mí- de entre las que nos ofreció ayer:
-Quizás la más divertida fue la de oír nombrar a la mujer de Zelenslki como el auténtico cerebro de la guerra ucraniana. Guionista de TV, parece ser que Zelenski fue actor en una serie de TV que ella escribió, que está en Netflix, y que explica paso a paso lo que realmente está sucediendo ahora.
-Ésta es potente: Si Hungría se opone y torea a la Unión Europea una y otra vez es porque detrás de Hungría se encuentra la enorme potencia china.
Una reflexión global muy interesante surgió: Solimán ganó la batalla de Móhacs, pero en realidad perdió la realmente importante, la de la propaganda, el auténtico “soft power” (el que domina la mujer de Zelenski): todos se unieron contra el poder turco (batalla de Lepanto) y durante los siglos siguientes el mundo otomano cayó en la consideración occidental a ser lo peor de lo peor. Para ratificarlo mencionó la ópera de Mozart “El rapto en el Serrallo”, en la que la capital otomana venía a ser un enorme prostíbulo. De la misma forma, aunque Rusia vaya ganando las batallas físicas militares, son Zelenski y su mujer los que van ganando la guerra de la propaganda, la que realmente cuenta.
En cualquier caso -sentenció- lo primero que es la guerra de Ucrania, y eso curiosamente no se dice, es una guerra civil, y las guerras civiles no las gana nadie.
La comparación entre Móhacs 1526 y Dombass 2022 se concentró finalmente en esta frase: Si lo que había detrás de la primera era la teología, de la segunda es la economía. “Es la economía, imbécil”.
La conclusión de la conferencia fue muy clara: seguir el curso de la historia lleva inexorablemente a la guerra. A la historia hay que controlarla con la estrategia.
A la que disponga de él, colgaré el vídeo de la conferencia, para que se pueda disfrutar del espectáculo Ruiz-Domènec al completo.

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