El la foto que se hizo ya con la última estación construida (al fondo), puede verse toda la playa de vías y, sobre ella distinguirse muy bien los pabellones de viviendas de la colonia. En el recuadro inferior, Ricard Martinez Hernández retransmitiendo desde su casa.
Las actividades culturales no son negocio -la negación del ocio- por lo que son de las que se pueden prohibir sin consecuencias. No importa que luego resulte que la actividad económica generada directa o indirectamente por ellas supere con creces actividades que entran dentro del paraguas del negocio -como producir y vender corbatas, por ejemplo-, actividades que como tales pueden seguir existiendo y concentrando gente.
Así las cosas, nos tendremos que contentar con acudir a presentaciones vía Zoom, como la que ayer organizó Jordi Font Agustí, de Engitren, un grupo muy activo dentro de la Comissió de Cultura de l’Associació d’Enginyers, que pone su foco en todo lo relacionado con los trenes, desde lo más diminuto (modelismo ferroviario) hasta lo más enorme (una estación de trenes, por ejemplo), pasando por locomotoras, vagones, vías, señales y todo lo que ver con lo ferroviario.
La sesión de ayer se apartaba un poco de la evidencia, tocando áreas de interés bastante alejadas de lo habitual entre los miembros del grupo, como son los sociales, arquitectónicos y urbanísticos. Eduard Martinez Hernández, hijo de ferroviarios y ferroviario él mismo, nos habló de la colonia ferroviaria de Sant Vicenç de Calders.
Sant Vicens de Calders es un pequeño y antiguo pueblo aupado a una colina cercana al mar, pero sobre todo es conocido por el nudo ferroviario que, en unos terrenos pantanosos a sus pies que tuvieron que sanearse, se montó en el siglo XIX.
He ido haciendo impresiones de pantalla de la presentación efectuada, obteniendo unas imágenes que, todo sea dicho, ahora pueden reproducirse con una calidad muy superior a las de las eventuales fotos presenciales. Cuelgo unas cuantas de ellas, comentando en sus pies de foto lo que nos explicó el ponente.
Pasadas las restricciones, se reemprenderá la organización de visitas para darlo a conocer.
En la fotografía superior izquierda, el pueblecito de S. Vicenç de Calders en su loma. En medio, los terrenos pantanosos y los trabajos que tuvieron que hacerse en el s. XIX para colocar ahí las vías del tren y la estación. Abajo, dos torres aislados de la parte marítima de entonces de D. Vicenç, lo que ahora es Comaruga, perteneciente al municipio de El Vendrell.
Esta es la primera estación construida, surgida tras el enlace de las dos líneas de tren preexistentes, la de la costa y la que llevaba al interior, a Valls y de ahí a Lérida.
Las tres estaciones que se sucedieron en el tiempo. La más blanca, la de la postguerra. A la derecha la actual, ya apartada del medio de la playa de vías, notoriamente ampliada.
La vivienda del personal de más rango y sus planos, destacando la existencia de una comuna.
Y los pabellones de todo el personal ferroviario, numeroso porque ahí se establecieron numerosas operaciones de intercambio. La entrada, por el hueco entre las dos alas del edificio. En la planta baja, con el tiempo, se colocaron los servicios generales (escuela, capilla, dispensario) de la colonia.
Plano de las viviendas, con techos altísimos, cocina (en la foto la alacena de una de ellas, junto a la cocina económica), comuna (en la foto convertida en cuarto de baño con ducha), despensa,...
Nuevo edificio construido cuando se compró al extranjero todo un juego de señales eléctricas. En la planta baja, el generador y otros servicios. En la planta, las viviendas de sus encargados, remontadas (foto de la izquierda) en una ampliación posterior.
La comparación de las fotos permite apreciar cómo la trama urbana ha ido invadiendo el terreno hasta casi integrar la colonia.
Objetivo bélico importante, la estación fue continuamente bombardeada por la aviación alemana e italiana durante la guerra civil, teniendo los bombardeos más víctimas que en la capital de la provincia, Tarragona. La mayor parte fueron debidas al impacto de las bombas en un tren que se encontraba en la estación. Arriba a la derecha el búnker-estación construido.
Entre las cosas curiosas de los servicios que fueron habiendo en la colonia, la capilla, con esa campana que los miembros de Engitren asistentes se lanzaron enseguida a especular a qué elemento ferroviario pertenecía.
Local social y teatro construido en horas libres por los propios trabajadores, con material cedido por RENFE.
Para organizar visitas, una vez pasado (¡parece que ya van a empezar a haber vacunas!) todo el vendaval éste.














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