Pero ese fervor por todo lo científico llevó, visto desde hoy en día, a caminos peligrosos. Empezaron a salir obras que estudiaban las características faciales de los ladrones y asesinos.
En las imágenes aparecen las de Cesare Lombroso, “L’huomo delinquente studiato In raportto all’antropología, alla medicina e alle discipline carcerarie” (1876). Se extendieron por toda Europa. En Francia, en Inglaterra,... la antropología abrió un nuevo campo de estudio con aplicación en la policia. Se median los cráneos, los ángulos de las caras de los reclusos y se obtenían supuestos patrones genéricos “científicos”.
En España también llegó esa tendencia. Ahora mismo recuerdo que en novelas de Pío Baroja, por ejemplo, no era excepcional que se describiera el aspecto de ciertos tipos como si fueran producto de un estudio de estos.



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