David Block en la Escola Europea d'Humanitats (de las cosas que sigue pagando, excepcionalmente, La Caixa), para hablar de un tema a priori muy atractivo: la post-verdad. En la sala de actos del Palau Macaya, con Josep Ramoneda de presentador.
Sala grande, sólidamente amueblada, varias pantallas para los de las últimas filas y hasta los de una sala auxiliar. Lleno, con público variopinto con gente como yo, atento a las gangas.
Ha leído al principio lo que dice el Oxford Dictionary de la post-verdad. Allí se habla de influir a la gente acudiendo a las emociones más que a los hechos objetivos. Pero no le ha gustado demasiado esa definición, que ha cambiado por la de "propagación de la ignorancia". Ha estado curioso lo que ha dicho sobre la ignorancia, casi completamente huérfana de estudios pese a lo extendida que está, y que ha clasificado en ignorancia nativa, el dominio perdido (por falta de atención), la ignorancia como estrategia y la ignorancia como construcción activa. Ha dicho entonces que iba a centrarse en las más interesantes: las dos últimas.
Lo que ha quedado claro es que eso de la post-verdad, se le llame como se le llame, se trata de uno de esos conceptos que se venden como nuevos, pero que ya existían a lo largo del tiempo. Basta con pensar en los consejos de Maquiavelo. Ha mencionado entonces a Robert Proctor, que se ve que hizo una serie de estudios sobre las campañas de desinformación que emprendieron las empresas tabaqueras para contrarrestar la correlación entre tabaco y cáncer. Parece claro que finalmente perdieron la batalla.
Viniendo a campos más recientes, ha entrado en las negaciones del cambio climático (es decir, de su existencia y reconocer que se produce por la intervención humana) y se ha centrado mucho en Trump como prototipo de energúmeno típico de propagación de la ignorancia, utilizando las Teorías Populares (folk theories), mucho más comprensibles que las explicaciones científicas, aunque sean completas animaladas.
Habiendo hablado ya de la ignorancia como estrategia, le ha tocado el turno a la ignorancia como construcción activa. Por ahí ha aparecido ese juego malabar por el que la crisis bancaria se transformó en el gasto público desbocado como causa de la crisis. Ha presentado también una tabla curiosa, que habla de la eficacia de ciertas mentiras, comparando lo que considera la opinión pública con la realidad. Las cifras de los porcentajes de Inmigrantes, de ayuda externa o de embarazo adolescente que ofrecen una y otra son bien diferentes. Mentiras interesadas de los partidarios del Brexit...
Un tema interesante sería la actualización -y yo esperaba que la charla fuera más por ahí- de cómo se efectuaba "La fabricación del consentimiento" (Chomsky), que escribió en colaboración con otro estudioso. Sentaba cómo se fabricaba el estado de opinión allá por los años 80.
Una de las formas en que puede preservarse la ignorancia es el aislamiento. Ha explicado que en la postguerra se mantuvo en una zona de Brasil durante varios años una importante población japonesa en la que estaba asentado el bulo de que su país había ganado la guerra. El aislamiento actual no es como el de los japoneses en Brasil, sino de otra forma. Obedece, curiosamente, a la balcanización de los canales de TV (cada uno ve lo suyo y no lo de su grupo "enemigo") y de las redes sociales. Todos estos canales suponen un evidente filtro, además de un eco fenomenal de la "noticia" dentro del canal. Eso y una cierta alergia a las vías establecidas de difundir la información, junto a cierto antiintelectualismo triunfante (y ha hablado de la evolución del lenguaje de Obama, que pasó durante sus mandatos del de un licenciado en derecho de un cierto nivel a parecerse al de George Busch) dibujan el panorama. En este último sentido ha recordado quiénes son los mayores "influencers" de las redes globales: desolador.
Ha hecho por último una incursión bastante fácil en las postverdades del PP, porque son un jardín florido en el que aparecen maravillas como la Indemnización en diferido de la Cospedal, el método habitual de destrucción de los ordenadores por parte de Floriano, o cualquiera de las Rajoyadas. Y ha dicho que, a petición de un amigo que le había retado a que por una vez, en vez de hacerlo sobre el PP, hablara sobre la propagación de la ignorancia en el campo del soberanismo, iba a ponerse a ello, pero la verdad es que no ha debido juzgarlo prudente y, después de poner en una pantalla diez postverdades soberanistas, se ha desinflado un poco, diciendo que todo puede ser cuestionado, que puede ser o no ser según se mire, y ha acabado ahí la cosa.

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