Quizás lo que más me ha gustado, porque dice mucho de un personaje focal de hoy mismo, es lo que han explicado sobre Mariano Rajoy, al que fueron a entrevistar Josep Ramoneda y Josep Maria Martí Gómez cuando aquél era nada menos que ministro del Interior. Les mostró orgulloso su agenda, en la que, efectivamente, estaba anotada la reserva de tiempo para ver cada cada tarde las retransmisiones de finales de etapa del tour que daba la tele.
Ramoneda y Martí Gómez conversaban hoy, en su mayor parte sobre sus entrevistas de la época de la transición, en una librería La Central que curiosamente y contra lo que suponía no estaba a rebosar de gente ni ambiente, y eso que la editorial del libro de éste último que se presentaba (El oficio más hermoso del mundo. Una desordenada crónica personal. Clave Intelectual, 2016) hasta obsequiaba a los asistentes con una copa de vino. Me han explicado que era por un partido de fútbol transcendental, que rapta las conciencias.
De anécdotas ha ido la cosa, y lo mejor es que éstas se lean en el libro, pues allí estarán con toda su gracia bien medida, acompañando a ese retrato de toda una época y un paisanaje que son los del periodismo de Martí Gómez. Quizás hablo sólo de un par, para abrir boca:
Una, la peripecia para entrevistar a Graham Greene, que no había manera que se dejara, hasta que un amigo de Martí Gómez le dijo que conocía a un amigo que lo veía cada semana, no sé qué día de la semana, en un bar, donde se emborrachaban juntos, y lo iba a probar. Al cabo de un tiempo el amigo le confirmó que tenía la aceptación de Greene vía ese amigo, y un poco después el periodista recibió una carta del escritor: "Dije a un amigo que sí les concedería una entrevista que me había pedido porque a éste se lo había pedido otro amigo suyo. Pero lo hice porque estaba borracho, porque no quiero de ninguna manera. No obstante, un hombre honesto, si ha dado su palabra, aunque sea borracho, debe mantenerla. Nos vemos tal día."
Otra viene aparejada a la confesión de Martí Gómez de que inició sus crónicas judiciales influido por la belleza literaria de las del Corriere de la Sera. Un día, el juez Carretero le vio con una libretita anotando cosas durante un juicio, lo identificó y abordó: "¿No tienes ni idea de Derecho, no? Se nota. Por eso se leen tan bien tus crónicas". Él se vio impelido a estudiar algo de diferentes aspectos judiciales, y poco después las llenaba de referencias a leyes concretas, con sus siglas, barras y todo. Volvió a ver al juez: "Se nota que has aprendido: Ya no valen nada".
Al margen de anécdotas ha habido también otras cosas muy reseñables, como un panegírico y agradecimiento a los jueces de Justicia Democrática (la actual Jueces para la Democracia) que durante la transición permitieron a los periodistas entrar en aspectos por los que los fiscales les pedían penas enormes. O cómo vio que Javier de la Rosa, de quien había investigado trapicheos importantes a partir de una filtración de gente del Consorcio de la Zona Franca sobre su padre Antonio, le decía con la sonrisa en la boca que no le dejaría publicar nada... porque él pagaba los medios en los que quería publicar los artículos.

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