Ha valido la pena. Joan Ollé ha acabado leyendo un texto de Lorca que ha traído sobre cómo se debía hacer el teatro ("Charla sobre teatro"), que trasmitía fuertemente sensaciones del más que perdido -¡ay-, espíritu de la República, periodo de fuerza e ilusiones para el que lo escribió. Xavier Albertí, por su parte, demostrando que es un incondicional de Pasolini (también lo ha citado al final), ha empezado diciendo una frase suya: "Escribo para alguien que es como yo". Y ambos, yo diría que hasta con profundidad, siempre con gran conocimiento de lo que traen entre manos, han ido desgranando con acierto (por algo son dos de los mejores directores teatrales con los que contamos) varios aspectos del tema que les convocaba, “El público y la dirección escénica”, en el Teatro de la Biblioteca de Catalunya. Aquí pongo alguna cosa de entre lo que más me ha interesado:
- Los espectadores de Buenos Aires son los mejores: yo lo asocio a que tienen las librerías abiertas las 24 horas del día- ha explicado Xavier Albertí, que ha enlazado con una diatriba contra el "Me gusta" o "No me gusta" del espectador después del espectáculo, pidiéndole un racionamiento más elaborado.
- ¿Cuántos de los espectadores leen la obra antes de asistir al teatro? – Ha golpeado (¡zasca!) Oller al público, siguiendo el argumento. “La critica, con una excepción – Marcos Ordoñez- es analfabeta” – ha seguido.
- Las librerías, en París, preparan la temporada. En lugar preeminente colocan las obras que harán los teatros públicos. Hay un caldo de cultivo. Se convierte al espectador en ciudadano – puntea X. Alberti.
Joan Ollé, como Albertí al principio, también ha desvelado sus cartas: “Hago teatro para mí y para los míos. Me gustaría entender cada cosa de la obra, para poder explicarla al público, que es mi trabajo. Koltés decía que le gustaba el teatro, porque era el único sitio en donde le advertían que todo lo que le iban a explicar era mentira. Para saber si voy bien con lo que voy montando en los ensayos me gusta que asistan espectadores. Los miro y, sobre todo, atiendo a la reacción de Ros Rivas. Si lleva tres minutos sin hacer fotos es que la cosa va francamente mal. Otro control es pensar si a los maestros –de estar vivos- les gustaría la obra.”
Alberti ha dado un dato estremecedor que corrobora lo expresado por Ollé, de que todo lo público (radio, televisión,…) ha fracasado: Sólo el 10% de las entradas que se compran para ir al teatro son para un teatro público. Y ha recordado una coincidencia que quizás no lo es tanto, y lo peligroso de este fracaso actual: El Teatre Lliure se inauguró un año después de muerto Franco. El Theatre National Populaire y el Piccolo de Milán se fundaron justo un año después de una guerra mundial, seguramente diciendo que la cultura enterraba a la barbarie.
Ollé, por fin, ha vuelto a la esencia del teatro. Ha comentado que en catalán hay una expresión que le va muy bien: “Fer veure” (en castellano también es lo mismo: “hacer ver”). Quiere decir fingir, pero también ayudar a, hacer ver.

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