Al entrar en la sala ha mostrado ostensiblemente su sorpresa al toparse con las más de 150 personas que habían acudido a oír su disquisición sobre "Creación artística y búsqueda de la belleza". Tenía curiosidad por ver cómo enfocaba Rafael Algullol su charla de hoy en el Aula d'Extensió Universitaria de los ingenieros y, quizás haciéndose cargo de la constitución del auditorio (que, pese a todo, luego se ha mostrado "profundamente desconcertado": no tiene cura), ha optado por la carta de no entrar en complejas elucubraciones teóricas. Para enfocar lo que ha señalado como el tema: la relación entre la idea del arte y la de belleza, que -y aquí ha venido el primer soponcio de algunos- ha recordado que son dos conceptos diferentes, ha hecho toda una incursión en el pasado.
Ha empezado señalando que en la antigüedad el arte y la técnica no se diferenciaban, hasta el punto que eran mencionados con la misma palabra (Techne). Ha navegado por los "cosmos" griegos, asignados no sólo al universo, sino al propio hombre, o a otros entes, siempre que presentaran un orden, que fueran opuestos al caos. El kalós, la belleza, estaba asociada a ese orden. Ha seguido con la Edad Media, en la que se conseguía la belleza máxima, siempre dedicada a Dios, atendiendo a leyes objetivas.
Ha llegado entonces al Renacimiento, haciendo ver que los cambios que se produjeron en esa época fueron, pese a lo que podamos pensar ahora, muy superiores a los actuales: Se pasó del mundo conocido al descubrimiento de América, con Giordano Bruno a la posibilidad de un universo infinito, se entró en el interior del cuerpo humano,
buscando su orden interior, o llegaron a tener su internet: la imprenta. Con la perspectiva, el cuadro era una ventana, y a través de ella se veía el mundo como un teatro. En el terreno que nos ocupa, los artistas empezaron a ir contra las leyes de los gremios. Se empezaban a ver a sí mismos como creadores, cuando antes Dios era el único creador posible. Aparecen los primeros autorretratos, y las obras de arte empiezan un proceso por el que van a ir dejando de tener como objetivo a Dios, para tener como objetivo a la belleza.
Estos dos modelos -antiguo, ligado a unas leyes objetivas, y nuevo, cada vez a más subjetivas- van a convivir, ha dicho, hasta la mitad del s. XIX, momento en que Kant, luego Baudelaire y más tarde todos los movimientos modernos, las vanguardias, han dejado al concepto de belleza como totalmente subjetivo, dependiente de cada uno.
Y entonces ha enlazado con lo que ha empezado, un comentario que ha suscitado el artículo que acaba de escribir, que aparecerá en El País en unos días: la estimación del marido de Chicholina, Jeff Koons, como el artista más valorado económicamente en la actualidad.
Como eso sí que lo ha entendido perfectamente el auditorio, por ahí se ha centrado el coloquio. Algullol, por su parte, ha tranquilizado conciencias, afirmando que, si por él fuera, haría volver a los artistas a leyes más objetivas, aunque sea para luego saltárselas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario