Deben ser de la gente más viajada de por aquí, ya que se han pasado la vida yendo por el mundo entero, pero Patricia Almarcegui ha acabado hablando de su viaje de 90 Km desde Cantavieja (Teruel) -alucinada por haberse cruzado sólo con dos coches-, José Luis Guerin de sus expediciones a los barrios que poseen la última estación de metro de las líneas de Barcelona y Rafael Argullol de las esperas en hospitales.
Era la mesa redonda "Viaje y Literatura", en un auditorio de la Universidad Pompeu Fabra. Almarcegui ha empezado marcando cartesianamente los puntos primordiales para poder escribir hoy un libro de viajes. Guerin ha seguido marcando el punto de inflexión en el cine "de viajes" -del exotismo al humanismo- que supuso el "Nanouk el esquimal" de Flaherty y Argullol explicando que no veía distinción alguna entre literatura y viaje.
Ha sido después, en el fuego cruzado entre ellos, cuando han surgido más cosas a anotar en un papelito, para no olvidarlas: La primera ha rememorado, aún asombrada, su viaje aragonés de ayer. El cineasta ha recordado el entorno de confort -biblioteca, etc- que se llevan los protagonistas de Verne en sus novelas a sus ingenios, ya sean submarino o cohete. Y Argullol ha recordado lo que le dijo un pastor a Petrarca -"¡Pero si arriba no hay nada"- cuando ascendía al Mont Ventoux para ver si desde la cima distinguía su Italia.
Más que suficiente. ¡Que me avisen también la próxima, por favor!
(El dibujo lo he sacado de la web de la Biblioteca Blasco Ibañez de Cherte).


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